Investigadores del Institut National de la Santé et de la Recherche Médicale de Francia (Inserm) han demostrado que los mastocitos y las neuronas sensoriales se agrupan en ‘unidades neuroinmunes sensoriales’, no muy diferentes en forma a un racimo de uvas, en la dermis.

Los pacientes con dermatitis atópica tienen numerosos neuropéptidos en sangre, cuyo nivel está correlacionado con la gravedad de la enfermedad. La identificación de estos neuropéptidos indica la activación de las neuronas sensoriales. Estos pacientes también tienen un número de enzimas en sangre que indican la presencia de mastocitos que desempeñan un papel esencial en la modulación de los procesos inflamatorios y alérgicos.

Varios estudios han evidenciado que los factores genéticos están involucrados en el desarrollo de esta enfermedad inflamatoria crónica de la piel, y sugieren que resultan en un deterioro de la barrera cutánea. Esto permite que los alérgenos presentes en el medio ambiente, desde el polen hasta los ácaros del polvo, penetren en la dermis y estimulen el sistema inmunológico, que reacciona de forma anormal a esta “amenaza” provocando el eccema.

Los investigadores estudiaron modelos animales de dermatitis atópica. Bajo la piel que mostraban signos de reacciones inflamatorias, observaron que los mastocitos y las neuronas sensoriales se agrupaban en ‘unidades neuroinmunes sensoriales’ no muy diferentes en forma a un racimo de uvas. “Los mastocitos y las neuronas se unen en la dermis. Todavía no entendemos las interacciones moleculares que los unen, pero hemos cuantificado las distancias entre ellos, que son minúsculas”, ha destacado el principal autor del trabajo, Nicolas Gaudenzio.

Cuando estos modelos experimentales estaban expuestos a los ácaros del polvo, estas ‘unidades neuroinmunes sensoriales’ eran capaces de detectar la presencia de estos alérgenos, desencadenando una inflamación alérgica.
A largo plazo, este descubrimiento podría tener implicaciones terapéuticas prácticas. “Hasta ahora, los pacientes podían ser tratados con fármacos biológicos (terapia biológica), pero éstos, obviamente, tratan la enfermedad más adelante, después de que se hayan producido los brotes. Ahora queremos continuar nuestra investigación para identificar nuevas moléculas que puedan bloquear las interacciones entre los mastocitos y las neuronas sensoriales, y así tener un efecto terapéutico beneficioso para los pacientes”, asegura el investigador.