Desde hace más de un año el SARS-CoV-2 ha traído un reto para todas las especialidades médicas en la manera de procesar una cantidad exponencial de información nueva para asistir a los pacientes de manera adecuada y guiada en evidencia, que también presentan secuelas.

Este virus conlleva en su proceso infeccioso un gran número de consecuencias aún después de la alta, entre ellas, la disnea o falta de aire que puede estar relacionada con la afectación muscular que es un déficit de fuerza tanto en el músculo como en la funciones cardiacas.

Algunos casos que han sido considerados graves y han utilizado la ventilación mecánica u hospitalizaciones prolongadas, la inflamación de la neumonía puede derivar en una cicatrización tipo fibrosis que también pueden relacionarse con la disnea.

Falta de olfato

La anosmia o falta de olfato suele ser una de las principales características, lo que es provocado por la afectación directa del virus a nivel del sistema nervioso central y que de manera regular puede recuperarse en un lapso de 2 a 4 semanas. Sin embargo, hay pacientes que tienen una afectación más prolongada.

Las secuelas más graves pueden ser los ictus y el síndrome de Guillain-Barré, que puede producir secuelas del sistema motor o sensitivo que requieren años para recuperar sus capacidades o el síndrome de Miller Fisher que provoca una pérdida de movilidad en los ojos, además de inestabilidad.

La afectación vascular también puede manifestarse dermatológicamente a manera de necrosis que puede ser identificada como pequeñas lesiones en pies o manos que si no son atendidas o tratadas oportunamente podrían terminar en amputación.

Alteración miocárdica

Hay estudios que aseguran que hasta un 60-70 por ciento de los pacientes tiene algún tipo de alteración miocárdica con relación a la COVID-19.

El riesgo de trombosis también es importante en el estado de hiperinflamación. Es por eso que los pacientes que reciben un anticoagulante durante el proceso de hospitalización suelen evolucionar de manera favorable, ya que esta afección puede alcanzar hasta el 30% de los pacientes hospitalizados.

Síndrome inflamatorio multisistémico

En el caso de los niños se ha reportado el síndrome inflamatorio multisistémico que, de acuerdo con los datos, se puede presentar hasta 30 días después de haber estado en contacto con el virus y puede detectarse a través de fiebre, dolor de estómago, diarrea, vómito, sarpullido, ojos rojos y desorientación.

Niños y adultos deben estar pendientes de los síntomas y las repercusiones posteriores a sufrir la enfermedad para recibir atención inmediata y poder prevenir complicaciones.