El soporte vital extracorpóreo (ECMO) es una opción terapéutica de “alto valor” a la hora de abordar situaciones complejas y especiales en el contexto de la parada cardiaca prolongada y/o refractaria, siempre manteniendo convergencia a lo reflejado en la literatura científica en cuanto a indicaciones y contraindicaciones. Así lo han asegurado desde la Sociedad Española de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (Semicyuc).

En concreto, la coordinadora del Grupo de Trabajo de Neurointensivismo y Trauma de la Semicyuc, María Ángeles Ballesteros ha explicado que “el diagnóstico de la situación de parada cardiaca es difícil dado que, en situación de hipotermia, tanto la respiración como el pulso cardiaco se enlentecen y es habitual que se requiera más tiempo (hasta 1 minuto) para determinar que no están presentes. En caso de ausencia de pulso, se iniciarán maniobras de reanimación cardiopulmonar de manera inmediata teniendo en cuenta que la propia situación de hipotermia conferirá una mayor rigidez a las estructuras de la caja torácica, lo que condicionará una mayor dificultad a la hora de realizar tanto las compresiones torácicas como las ventilaciones de rescate”.

El problema de la temperatura

Por otra parte, teniendo en cuenta que, con las maniobras de reanimación en marcha, el siguiente paso será el diagnóstico de la hipotermia y su estratificación de riesgo, Semicyuc ha avisado de que los termómetros habituales “no son apropiados” para realizar un diagnóstico “fiable” de la temperatura del paciente en hipotermia, por lo que se precisa tecnología específica para la lectura de temperaturas bajas a nivel esofágico, vesical, rectal o timpánico.

Pese a ello, el cerebro del paciente afecta, si mantiene una temperatura en torno a 18 o 20 grados centígrados de temperatura central, podría soportar periodos de parada hasta 10 veces más largos, por lo que la recuperación neurológica completa puede ser posible y está descrita en la literatura. En este sentido, María Ángeles Ballesteros ha comentado que los modelos experimentales han mostrado que la hipotermia puede proteger la función cerebral al disminuir el metabolismo cerebral y al modular las respuestas inmunitarias inflamatorias, la apoptosis y el edema cerebral.

Por este motivo, prosigue la experta, el control de la temperatura se ha incorporado como uno de los objetivos en el tratamiento del daño cerebral adquirido, con el fin de mejorar los resultados funcionales neurológicos.

Así, tal y como ha explicado, en el ámbito prehospitalario solo se deberían detener las maniobras de resucitación si la causa de la parada es claramente atribuible a enfermedad fatal, lesión letal o asfixia prolongada o, si por causa de la propia hipotermia, el tórax no se puede comprimir. De lo contrario, se mantendrán hasta la llegada a un centro especializado.