E.P. Santiago de Compostela.- El sistema de salud público español, dados sus recursos humanos y materiales, y sus características de organización, sería capaz de afrontar con eficacia un hipotético ataque bioterrorista o quimioterrorista en cualquier parte del territorio nacional, según sostiene el director médico del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS), Cristobal Galbán.

Este especialista en defensa sanitaria ante la amenaza NBQ (Nuclear-Bacteriológica-Química) y con experiencia como comandante médico de la Armada, con participación en la Guerra del Golfo de 1991, ha subrayado que, ante las hipótesis sobre futuros ataques bioterroristas por parte de integristas islámicos en estados occidentales, "la idea que hay que transmitir a la sociedad española es que hay que tener confianza en nuestro sistema sanitario, que es de los mejores del mundo".

En cualquier caso, considera que si bien no se puede descartar tajantemente la "posibilidad" de un atentado de tales características, dado que los materiales para ello existen y hay grupos dispuestos a llevarlo a cabo, la "probabilidad" real de que suceda es "muy baja", por cuanto es difícil que los terroristas dispongan de la tecnología necesaria para perpetrar una acción de dimensiones realmente importantes.

Sistema universal y público

Este experto ha recordado que, tras el 11-S, la propia Academia de Medicina de Estados Unidos confeccionó un decálogo con las medidas más adecuadas para afrontar la amenaza NBQ, y entre ellas estaba contar con un sistema de salud nacional y público, con cobertura universal y gratuita.

Este modelo sanitario paradójicamente no existe en la superpotencia norteamericana, a pesar del impulso que se dió en este sentido por parte de la Administración Clinton, pero sí es común y está plenamente consolidado en la mayoría de los países europeos, como España.

Así, el doctor Galbán apunta que nuestro país dispone de lo que se denomina una estructura sanitaria "homogéneo centro", es decir, organizada y centralizada en las urgencias, con unos niveles de eficacia organizativa y capacidad de movilización, además, por encima de la media europea.

Vacunas contra la viruela

Por ejemplo, los hospitales españoles disponen de stock de ciprofloxacino, el antibiótico que se utiliza para el tratamiento de, entre otras patologías, las personas contaminadas por el bacilo del carbunco, conocido en los países de habla inglesa como "anthrax".

Además, el director médico del Clínico compostelano se refiere a la adquisición, por parte del Gobierno, de dos millones de vacunas contra la viruela, tal y como han realizado también los demás países de la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá y Japón, ante la sospecha de que algunas naciones conserven ilegalmente cepas de este virus.

Sobre esta adquisición, que confirmó la semana pasada el propio vicepresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, Cristobal Galbán considera que el pedido de vacunas es adecuado, toda vez que son susceptibles de diluir para aumentar su número, y dado que no es partidario de una "vacunación universal" e inmediata, sino "racional", en función de las circunstancias.

Sarin y Anthrax

No obstante, este experto sostiene que, dada la menor complejidad comparativa de obtención y posterior manejo, las armas no convencionales de mayor probabilidad de uso por parte de terroristas son, entre las químicas, el gas sarín, y, entre las biológicas, el anthrax.

Del primero indica que es "tremendamente eficaz" en un primer momento, pero también es relativamente fácil descontaminar un área afectada, sólo empleando agua y lejía. Sobre el bacilo del carbunco apunta que, una vez detectada su presencia, un sistema sanitario organizado posee capacidad para hacer frente adecuadamente a la situación.

En cualquier caso, apostilla que las situaciones descritas en películas americanas de catástrofes, con grandes poblaciones en estado crítico y todo un país sumido en el caos, no se ajustan a la capacidad operativa y técnica de los terroritas, ni siquiera a sus estrategias, tendentes a "provocar miedo en los ciudadanos y presión contra los gobiernos", y no tanto a entrar en una situación de guerra abierta y total.

"El terrorista tiene como objetivo producir terror, no tanto muertes, para intentar que los ciudadanos agredidos desconfíen de sus autoridades y de sus instituciones, pero yo confío mucho en un sistema público de salud como el nuestro", concluye.