Con motivo del Día Mundial del Sueño, que se celebra este viernes 13 de marzo, la Sociedad Española de Neurología (SEN) incide en que solo un tercio de los españoles duerme las horas necesarias durante los días laborales. Además, estima que más de cuatro millones de personas en España sufre algún trastorno de sueño crónico y grave, y que el 20-25 por ciento de la población infantil sufre algún tipo de trastorno del sueño.

“Existen muchos tipos de trastornos del sueño, pero el insomnio, el síndrome de las piernas inquietas, el síndrome de apneas-hipopneas del sueño, la narcolepsia, la hipersomnia idiopática, el trastorno de conducta durante el sueño REM, parasomnias NREM o trastornos del ritmo circadiano, son los más habituales entre la población española”, explica el Dr. Carles Gaig, coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología. “Algunos trastornos son muy prevalentes, ya que el insomnio puede llegar a afectar hasta a un 30% de la población, y también se dan muchos casos de patologías graves, al menos un 10% de la población los sufre de forma crónica y grave”.

Son numerosos estudios los que han demostrado que un sueño de calidad es básico para una buena salud. Dormir de forma adecuada mejora nuestro rendimiento mental y corporal y reduce el riesgo de accidentes laborales y de tráfico. Pero un sueño de calidad  también protege a nuestro cerebro ya que, durante el sueño, se restaurara la función cerebral en aspectos como el aprendizaje, la memoria  o el estado de ánimo.

“Por el contrario, los trastornos del sueño pueden alterar el sistema inmunológico de las personas o dañar las estructuras del cerebro. La privación parcial crónica de sueño también causa déficits cognitivos, favorece el incremento de peso y la obesidad, así como la hipertensión arterial y produce un aumento de la incidencia de trastornos, principalmente los relacionados con el riesgo vascular, a su vez muy relacionados con enfermedades neurológicas como el ictus o el Alzheimer”, comenta el Dr. Carles Gaig. Por lo tanto, el riesgo de mortalidad aumenta de forma significativa en aquellas personas que duermen menos de 6 horas diarias.

El sueño  en pacientes neurológicos

Por otra parte, la falta de sueño también influye en la calidad de vida de los enfermos neurológicos. Diversos estudios presentados en la última Reunión Anual de la Sociedad Española de Neurología han mostrado cómo los trastornos de sueño pueden ser un  factor cronificante de la migraña o cómo la calidad del sueño nocturno está muy afectada en los pacientes con migraña episódica: aproximadamente el 70% de los pacientes con migraña episódica considera que duerme mal por las noches y además, un 20% y un 30%, respectivamente, consideran que su sueño es poco reparador y que esto les condiciona un peor rendimiento diario.

Los trastornos del sueño también son frecuentes en la esclerosis múltiple: la patología del sueño puede ser tres veces más frecuente en pacientes con enfermedades desmielinizantes, existiendo una relación entre los trastornos del sueño, la calidad de vida y fatiga. Así, en la Reunión Anual de SEN se presentaba otro artículo que señalaba que más del 65% de los pacientes con esclerosis múltiple presentaban alteración del sueño y que para más del 34% esto suponía una carga muy severa de síntomas no motores.

Los trastornos de sueño son además una comorbilidad muy frecuente en pacientes con epilepsia y puede ocasionar un control inadecuado de esta. Un nuevo estudio presentado en la Reunión Anual de la SEN mostraba que más de un 67% de los pacientes con epilepsia presentaban mala calidad de sueño y que, por lo tanto, consideraban su calidad de vida como moderada o gravemente afectada.

Por otra parte, diversos estudios epidemiológicos han mostrado que la duración y calidad del sueño se relaciona con deterioro cognitivo y alteraciones de biomarcadores de la enfermedad Alzheimer en población cognitivamente sana. Pero, además, otra publicación presentada en la Reunión Anual de la SEN señalaba que la excesiva duración del sueño en pacientes con Alzheimer se asocia a peor rendimiento cognitivo y que la siesta entre 30-60 minutos se asocia a menores alteraciones conductuales y mejor rendimiento cognitivo sin empeorar los parámetros de sueño nocturno.