Cansancio, falta de apetito, somnolencia, dificultad para concentrarse, taquicardia, dolores musculares, molestias en el estómago, sensación de falta de aire e insomnio son algunos de los síntomas físicos que presentan los afectados por el llamado “síndrome postvacacional”. A nivel psicológico, también pueden presentarse falta de interés, irritabilidad, nerviosismo, inquietud, tristeza, indiferencia y problemas de insomnio acompañado de una somnolencia importante a lo largo del día. Puede haber un cambio de carácter con cierta agresividad; sin embargo, se establece habitualmente y de forma progresiva una sintomatología más propia de un cuadro depresivo. Por todo ello, se ven afectados diversos aspectos de nuestra vida diaria.

El trabajo resulta difícil de realizar. La capacidad de concentración y la tolerancia al trabajo se ven limitadas. Puede iniciarse un verdadero círculo vicioso en el cual las tareas se van acumulando, se unen a los nuevos quehaceres por realizar y aumentan por el retraso de toda la labor acumulada a lo largo del periodo vacacional. Esta crisis puede afectar no sólo a las relaciones laborales, sino también a las emocionales. No obstante, el síndrome postvacacional no es preocupante, aunque si el malestar no desaparece transcurridos los primeros 7-10 días, es necesario que el afectado acuda a la consulta de su médico de cabecera para descartar que no existe un problema de otra naturaleza que requiera una atención diferente.

Los afectados por este síndrome suelen ser personas jóvenes, menores de 40-45 años, que vuelven al trabajo de golpe, sin tomarse unos días para adaptarse poco a poco a su rutina diaria. Para ellos las vacaciones son unos días mágicos, ideales y, cuando terminan, desaparece cualquier motivación que les anime a seguir adelante, sobre todo si tienen que asumir que aún queda todo un año hasta las siguientes vacaciones.

Prevención

La medida más eficaz contra el síndrome postvacacional es evitar su aparición. Siguiendo estos consejos puede que la vuelta al trabajo sea mucho menos traumática:

» Aclimatarse poco a poco e integrase lo antes posible:evite regresar de sus vacaciones justo un día antes de volver al trabajo. Necesita al menos dos o tres días para reencontrase poco a poco con su horario de siempre, su barrio, sus actividades habituales y la nueva estación que se avecina.

» Ser positivo: no puede estar deseando las vacaciones medio año y lamentándose de su fin la otra mitad. Evite quejarse permanentemente y pensar solo en lo negativo. Tenga presentes las cosas buenas que tiene su vida habitual, vuelva a ellas y añádales un poco más de chispa con nuevas aficiones que descubrió durante las vacaciones. Y es que, aunque haya vuelto al trabajo no tiene porqué dejar de, por ejemplo, caminar, nadar o bailar. Estas actividades le ayudarán a afrontar mejor el retorno a la rutina y desde luego beneficiarán su salud.

» Tomar el control del trabajo: nada más llegar intente organizar y planificar los primeros días. No se agobie, ordene la mesa y acabe con los papeles acumulados. Si se pone metas inalcanzables lo único que puede conseguir es sentirse peor. Sea realista, haga un poco más cada día y establezca un orden de prioridades para las tareas pendientes. Mientras dure este malestar lo más prudente es que no tome decisiones importantes sobre su futuro laboral.

» Fraccionar las vacaciones:si puede elegir sus vacaciones lo mejor es que las divida en partes para así desconectar varias veces al año (dos periodos de quince días es una buena fórmula). Volver de las vacaciones sabiendo que aún quedan más por delante para disfrutar ayuda a que la incorporación no sea tan traumática.

» Planificar actividades placenteras durante todo el año: organice viajes y otras actividades de ocio durante todo el año. Incluso en los días laborables ha de dedicarse un tiempo a sí mismo, a disfrutar de sus aficiones.

Alimentación equilibrada y homeopatía

Una alimentación sana y equilibrada también contribuye a adaptarse mejor a la vuelta de las vacaciones. Es el momento ideal para regresar a la dieta mediterránea, beber mucha agua, evitar las comidas pesadas y reducir en lo máximo posible el consumo de café, tabaco y alcohol.

Por su parte, la homeopatía ayuda al organismo a afrontar mejor a corto plazo las situaciones estresantes, como la vuelta al trabajo después de las vacaciones, y a largo plazo contribuye a restablecer el equilibrio nervioso mejorando el control de las reacciones ante el estrés.

Muchas son las ventajas de los medicamentos homeopáticos en el tratamiento del estrés:

» Son eficaces en todas las manifestaciones del estrés, actuando de forma global sobre los síntomas psíquicos y físicos.

»Tranquilizan, pero no producen somnolencia, por lo que son ideales en personas que tengan que trabajar, estudiar, conducir, etc.

» Son muy seguros y se pueden tomar junto con la medicación habitual.

» No producen dependencia, de modo que pueden emplearse durante periodos prolongados, siempre bajo la supervisión del médico o del farmacéutico.

» Por su alto perfil de seguridad, pueden emplearse incluso en mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, ancianos y pacientes polimedicados.