La litiasis renal es una enfermedad

caracterizada por la

aparición de cálculos (cuerpos

sólidos formados por la agregación

de minerales) en el

aparato urinario superior (riñones

y uréter). Según la Asociación

Española de Urología

(AEU), es un problema de salud

bastante frecuente y, de

hecho, lo padece aproximadamente

el 5% de los españoles

y su incidencia va en aumento.

Existen diversos factores

que determinan el que algunas

personas tengan una mayor

predisposición a padecer litiasis

renal. Por un lado, los factores

intrínsecos (propios de este

trastorno) incluyen la influencia

genética, la raza blanca, la

mediana edad, la existencia de

antecedentes familiares y las

alteraciones de las vías urinarias.

La vasectomía previa también

se ha relacionado con la

presencia de litiasis, así como

la presencia de otros problemas

de salud como las enfermedades

óseas, gota, infecciones

urinarias repetidas o

cólicos nefríticos anteriores.

Por su parte, los factores

extrínsecos están relacionados

con el estilo de vida y la dieta.

Así, por ejemplo, una dieta rica

en proteínas e hidratos de carbono

refinados se relaciona

con la formación de cálculos de

oxalato cálcico (ver definición en

página 21) y una dieta en la

que abundan las purinas (ver

definición en página 21) con la

aparición de cálculos renales de

ácido úrico. Por el contrario, las

dietas ricas en potasio y la ingesta

abundante de líquidos

disminuyen la aparición de la enfermedad.

Aumento

significativo

De acuerdo con la citada AEU,

uno de cada dos pacientes

que ha tenido piedras en el riñón

vuelve a desarrollar cálculos

transcurridos menos de

cinco años. Al cabo de diez

años la cifra asciende al 70%.

En los últimos años se ha observado

un aumento significativo

de este trastorno en los

países desarrollados, fundamentalmente

por sus hábitos

dietéticos poco saludables y la

vida sedentaria.

La litiasis es más común

entre los 28 y los 50 años de

edad. El perfil del paciente es

un varón de mediana edad,

que vive en un país desarrollado

y lleva una vida sedentaria.

Se trata de una patología por

lo general más frecuente en el

varón que en la mujer. En la

población femenina son más

comunes las litiasis de origen

infeccioso porque las mujeres

están más expuestas a padecer

infecciones de orina. Por tanto,

un mejor control de las infecciones

urinarias disminuye la

aparición de litiasis infecciosas.

Dolor intenso

Los cálculos renales se forman

dentro del riñón a partir de las

sustancias que están en la orina

(calcio, ácido oxálico, ácido úrico,

fosfato, etc.). Pueden permanecer

en el riñón o desprenderse

y bajar por los conductos

urinarios. Si el tamaño de la piedra

o cálculo es muy pequeño

será eliminado con la orina sin

causar síntomas, pero si el tamaño

es suficientemente grande,

la piedra queda atrapada en

los uréteres, en la vejiga o en la

uretra, bloqueándolos e impidiendo

el flujo de orina, lo que

produce un dolor muy intenso.

La forma más frecuente que

tiene esta enfermedad de manifestarse

es el cólico nefrítico,

que aparece cuando un cálculo

se desprende o se rompe y queda

atrapado en las vías urinarias.

Cuando el flujo de orina desde

el riñón a la vejiga se ve impedido,

aumenta la presión dentro

de los conductos urinarios, lo

que activa las terminaciones

nerviosas de la mucosa y provoca

dolor. Y aunque la litiasis renal

no es una patología grave,

se calcula que un 8% de los pacientes

que precisan diálisis han

perdido el funcionamiento de

sus riñones debido a la obstrucción

producida por cálculos.

Tipos de cálculos

Los cálculos renales pueden

agruparse en 7 tipos: los de

oxalato cálcico que son los

más comunes, los de fosfato

cálcico, los de ácido úrico o sus

sales, los de origen infeccioso,

los de cistina y los secundarios

a ciertos medicamentos.

En la mayoría de los casos

no se logra identificar la causa

que explique por qué se producen

los cálculos renales e incluso

son poco frecuentes los

casos en los que los cálculos

renales son secundarios a otras

enfermedades, como algunos

tipos de cánceres, el abuso de

laxantes o infecciones repetidas

del tracto urinario.

Sí es frecuente, en cambio,

que se detecte la presencia de

cálculos de manera casual, esto

es, cuando se realiza una radiografía

u otro tipo de pruebas

por otros motivos. También se

ha observado que algunos medicamentos,

como ciertos diuréticos

y antiácidos, parecen facilitar

la producción de cálculos. En

este sentido, cuando se presentan

los cálculos renales, los especialistas

suelen pedir al paciente

toda la información sobre qué

medicamentos toma o ha tomado

en los últimos tiempos.

Síntomas

La presentación clínica de la litiasis

renal es variable, dependiendo

del tamaño, composición

y de la situación de los cálculos

en el aparato urinario e,

incluso, algunos pueden pasar

desapercibidos. Los principales

síntomas de la litiasis renal son:

» Cólico nefrítico, caracterizado

por dolor, a veces muy

intenso, que se produce por el

taponamiento de la salida de

orina del riñón, que aparece en

la zona lumbar o espalda baja,

y se irradia hacia el abdomen

anterior y hacia los genitales. Es

un dolor intermitente, inquietante,

que se asocia a náuseas,

vómitos, sudoración y sensación

de hinchazón abdominal.

No suele dar fiebre.

» Hematuria: es la aparición

de sangre en la orina.

Puede ser visible o no a simple

vista. Se produce por las lesiones

que produce el cálculo en

su paso por la vía urinaria.

» Infecciones de orina:

los cálculos renales pueden ser

causa o consecuencia de infecciones

frecuentes de la orina.

Otros síntomas asociados

son fiebre y escalofríos, orina

que huele mal o está turbia y

sensación de quemazón al

orinar.

Factores de riesgo

La AEU indica que la dieta y el

consumo de líquidos son factores

que influyen directamente

en la formación de piedras.

De hecho, las personas que toman

poca cantidad de líquidos

presentan mayor riesgo de

desarrollar cálculos. Por el

contrario, el riesgo se reduce

en aquellas que beben más líquidos.

Respecto a la dieta, la ingesta

de alimentos con alto

contenido proteico de origen

animal como la carne, las dietas

ricas en sal y la ingesta de

azúcares refinados favorecen

la formación de cálculos.

Entre la población adulta es

muy frecuente la litiasis de ácido

úrico, cuyo riesgo de aparición

aumenta con la edad y

que tiene relación directa con

los hábitos alimenticios y el exceso

de aporte de proteínas.

Otro factor de riesgo importante

son las alteraciones metabólicas

que influyen en la composición

de la orina. Éstas pueden

ser de origen hereditario (por

trastornos en el metabolismo),

adquiridas a través de una alimentación

inadecuada, o debidas

a una baja ingesta de líquidos

o a una mayor pérdida de

los mismos por síndromes de

diarrea crónica. En todos los

casos, el resultado es una orina

rica en sales o en sustancias

(como el calcio, oxalato, ácido

úrico, etc.) que van a precipitar

la formación de piedras.

En la mayoría de los casos,

los cálculos se expulsan de forma

espontánea a través del

sistema urinario. Sin embargo,

hay cálculos que durante ese

proceso pueden producir

complicaciones como alteraciones

en la micción, sangre

en la orina e infección.

Nuevas técnicas

Entre las técnicas disponibles

para tratar la litiasis renal, la

AEU destaca la litotricia extracorpórea,

una intervención ya

consolidada que evita la cirugía

y que se ha convertido en

el tratamiento de elección para

la mayoría de los casos de

litiasis. Mediante la aplicación

de ondas de choque, se tritura

el cálculo renal, permitiendo

su eliminación con la orina.

Actualmente se ha producido

un importante desarrollo

con la litotricia intracorpórea y

el láser Holmium, que ha permitido

un gran desarrollo de la

endoscopia, sobre todo con la

miniaturización de esta técnica

tanto por vía ureteral como

por vía percutánea.

El láser Holmium es un procedimiento

intracorpóreo, es

decir, necesita el contacto directo

con la piedra. De esta

manera se gana en precisión y

se reduce el daño que se produce

en los tejidos de alrededor.

Esta técnica supone una

clara ventaja porque produce

un menor daño al paciente, es

más inocua y trae consigo menos

complicaciones.

Cuando las piedras

están en la vesícula

Cuando los cálculos o las piedras

se encuentran en la vesícula

biliar, el trastorno se denomina

litiasis biliar o colelitiasis.

Su prevalencia es variable y se

han demostrado diferencias

según el país y la población

estudiada. Se estima que en

nuestro país una de cada diez

personas padece litiasis biliar.

Según la Asociación Española

de Gastroenterología, este

trastorno aumenta con la edad

y es mayor en mujeres que en

varones, aunque tal diferencia

tiende a disminuir con la edad.

Entre el 15 y el 25% de las mujeres

adultas y el 7-15% de los

varones tienen colelitiasis. A pesar

de que no es un padecimiento

grave, esta elevada prevalencia

condiciona un notable

consumo de recursos sanitarios.

La colelitiasis puede ser de

tres tipos: cálculos de colesterol,

cálculos de bilirrubina o

pigmentarios, y cálculos mixtos.

Algunos componentes

grasos, como es el caso del colesterol,

y sustancias pigmentarias

como la citada bilirrubina,

no se disuelven fácilmente en

la bilis. Incluso en personas sanas,

cuando hay alta concentración

de estos componentes,

se precipitan y forman cristales

sólidos. Estas aglomeraciones

pasan por un proceso de formación

de núcleos duros, sobre

los cuales se agrupan capas

de material cristalizado.

Así, surgen los cálculos, dando

origen a la colelitiasis.

Esta enfermedad se produce

por la existencia de un problema

en la composición de la

bilis, aunque también participan

otras circunstancias, especialmente

el que la vesícula no

se contraiga bien, o no se vacíe

por completo. Si esto ocurre,

contribuye a que la bilis se

concentre y facilite la formación

de cálculos.

Síntomas

En la mayoría de los casos, la

colelitiasis no produce ningún

síntoma, pero cuando las piedras

se mueven y obstaculizan

el paso de la bilis pueden dar

origen a ciertos problemas,

unas veces leves, y otras muy

graves. Lo más frecuente es

que se produzca lo que comúnmente

conocemos como

cólicos biliares.

La presencia de estos cólicos

se traduce en la brusca

aparición de episodios de dolor,

concretamente en la parte

superior derecha del abdomen,

que a veces se irradia hacia

la espalda y el hombro.

Generalmente estos dolores se

acompañan de náuseas y vómitos

y no se encuentra una

postura que los alivie. Los episodios

suelen durar unas 3-4

horas y después desaparecen.

La presencia de piedras en

la vesícula es fácil de detectar,

ya que si bien la mayoría de

los cálculos no se ven en las

radiografías normales, sí pueden

identificarse muy bien con

una ecografía. La colelitiasis no

produce alteraciones en los

análisis de sangre.

Complicaciones

La Sociedad Española de Patología

Digestiva (SEPD) explica

que, en la mayoría de

las ocasiones, la colelitiasis no

producirá ninguna complicación.

Sin embargo, cuando

éstas se producen son potencialmente

graves. La primera

complicación es que aparezca

una colecistitis aguda, es decir,

una inflamación de la vesícula

biliar, normalmente en

relación con la existencia de

litiasis. Es potencialmente grave

porque, si no se pone el

tratamiento adecuado, puede

desembocar en una infección

generalizada.

El segundo grupo de complicaciones

se produce cuando

las piedras de la vesícula pasan

de ésta al colédoco -que es el

conducto que lleva la bilis hacia

el intestino-, dando lugar

al proceso denominado “coledocolitiasis”.

La litiasis en el

colédoco puede producir varios

problemas. El primero es

que produzca simplemente

una obstrucción de la salida

de la bilis, provocando dolor y

una retención de bilirrubina,

que normalmente se expulsa

con la bilis. Esta situación da

lugar a ictericia, esto es, la piel

se torna de color amarillento.

A veces se produce una infección

de esta bilis retenida, lo

que da lugar a una colangitis

que, al igual que la colecistitis,

tiene el riesgo de diseminarse si

no se hace el tratamiento adecuado.

Finalmente, el cálculo

puede obstruir la salida del

páncreas, produciéndose una

pancreatitis aguda.

Tratamiento

Según la SEPD, el tratamiento

más adecuado para la colelitiasis

es la cirugía, que consiste

en extirpar la vesícula biliar. Es

recomendable en todos los

pacientes que tienen síntomas

y en aquellos que han tenido

alguna complicación.

No hay un tratamiento alternativo

adecuado. Se han

conseguido algunos éxitos

con la utilización de ácido ursodesoxicólico,

pero tarda

mucho en hacer efecto y sólo

funciona en unos pocos casos,

pero cuando en éstos se

deja el tratamiento, reaparece

la litiasis.

Respecto a los pacientes

que sufren cólicos biliares, se

recomienda evitar la grasa en

la dieta y la utilización de fármacos

espasmolíticos (ver definición

en página 21) y analgésicos,

aunque esto sólo

debe ser una medida transitoria

hasta el tratamiento

definitivo. También conviene

vigilar el colesterol y los triglicéridos,

así como controlar la

obesidad.

Más información:

www.sepd.es