Uno de los productos más extendidos y apreciados mundialmente por sus propiedades nutritivas es, sin duda, la leche, alimento rico en azúcares, minerales y vitaminas. Cabe, no obstante, hacer aquí el inciso de que cuando utilizamos el término “leche” hacemos referencia a la leche de vaca, ya que cuando es de otra procedencia solemos especificar: materna, de oveja, de cabra, etc.

En cualquier caso, a pesar de sus innegables propiedades beneficiosas, la leche alberga entre sus numerosos componentes un elemento, la lactosa, que la hace intolerable, en mayor o menor medida, para el 80% de la población mundial, según datos de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD).

Curiosamente, la población del centro y norte de Europa, que convive con ganado vacuno desde el Neolítico, está mejor preparada para tolerar la lactosa que el resto de la población mundial, de lo cual se deduce que los pueblos que se han alimentado generación tras generación de la leche de los animales presentan menos casos de intolerancia a la lactosa que otros pueblos no acostumbrados a su consumo.

En principio, la intolerancia a la lactosa no encierra peligro alguno, es muy común en los adultos y afecta por igual a hombres y mujeres. La mayoría de las personas, al llegar a los 20 años de edad, muestra algún grado de intolerancia a este componente de la leche, que se puede presentar en el momento del nacimiento y desarrollarse en la infancia cuando se introduce la leche de vaca en la dieta o, más tarde, en la etapa adulta.

La gente con problemas para digerir la lactosa aprende, probando, qué productos lácteos y en qué cantidad puede tomar sin sufrir molestias, con qué alimentos puede combinarlos y cuáles debe evitar.

Propiedades

La lactosa es un azúcar predominante en todas las leches de los mamíferos: vacas, cabras, ovejas y también en la humana. puede encontrarse, asimismo, en muchos alimentos preparados. Tiene una serie de características, entre las que cabe citar las siguientes:

” Es el único glúcido libre que existe en cantidades importantes en todos los tipos de leche.

” Está entre los componentes más abundantes y simples de la leche.

” Es fuente de energía y posee un valor nutritivo especial para los niños.

” Estimula la osificación y, consecuentemente, previene la osteoporosis.

” Carece de efectos cancerígenos.

” No forma placa dentaria.

” Su consumo es tolerado por los diabéticos.

La intolerancia a la lactosa se produce cuando en el organismo existe una carencia o cantidades escasas de una enzima llamada lactasa, que se produce en el intestino delgado. Este enzima descompone la lactosa para que pueda ser absorbida por la sangre. Pero si dicha descomposición no se lleva a cabo, esa lactosa mal digerida, cuando pasa al intestino grueso, da lugar a los síntomas característicos de la intolerancia en cuestión: dolor abdominal, hinchazón, distensión abdominal, gases, diarrea, espasmos, flatulencias, náuseas y vómitos.

Según la Asociación de Intolerantes a la Lactosa España (ADILAC), la sensibilidad a la lactosa puede variar ampliamente de una persona a otra. Algunos notan sus efectos de forma inmediata tras consumir pequeñas cantidades, mientras que otros tienen un umbral de sensibilidad más alto y es más difícil observar su relación causa-efecto. La sensibilidad puede también cambiar con el tiempo y con el estado general de salud de cada individuo. Por ejemplo, un episodio agudo de diarrea, causado por una infección, puede reducir temporalmente los niveles de lactasa y hacer que la persona sea más sensible a la lactosa de forma temporal.

Tipos de intolerancia

Existen dos tipos principales de intolerancia a la lactosa: intolerancia secundaria (mayoritaria) e intolerancia primaria o genética (minoritaria). La actividad de la enzima lactasa es alta y vital durante la infancia, pero en la mayoría de los mamíferos, incluidos los humanos, disminuye a partir del destete. Por eso, la intolerancia primaria a la lactosa se manifiesta en la mayoría de los casos en la pubertad o en la adolescencia.

La intolerancia secundaria depende de la enfermedad de base que tenga el paciente: enfermedad celiaca, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, parásitos intestinales y gastroenteritis, entre otras. Por último existe un raro trastorno de origen genético que es el déficit congénito de lactasa, en el cual el intestino delgado no produce dicha enzima, apareciendo la intolerancia a la leche desde la primera semana de vida.

Tratamiento

Una vez que el médico ha diagnosticado el trastorno mediante la exploración del paciente, estudiando su historial clínico y realizando las pruebas pertinentes (prueba de tolerancia a lactosa, prueba del aliento y prueba de acidez fecal) debe iniciarse el tratamiento. Según la SEPD, el 70-80% de los pacientes responde bien a una dieta sin lactosa. El resto mantiene síntomas quizás porque además padece un síndrome de intestino irritable.

La piedra angular en el tratamiento es la educación del paciente, quien debe equilibrar su dieta, cambiándola hasta que desaparezcan las molestias, y aprender a interpretar el etiquetado de los alimentos para evitar la ingestión accidental de productos que contengan lactosa.

Una especial advertencia que hacen los especialistas para las personas con intolerancia la lactosa es que deben tener cuidado con ciertos alimentos preparados que pueden tener lactosa en su composición (algunos embutidos por ejemplo), así como con los medicamentos en los que el excipiente contiene lactosa. Esta circunstancia hace aconsejable leer detenidamente el prospecto o consultar con el farmacéutico antes de tomar cualquier medicamento.