Aún no se ha encontrado

una terapia que

ponga fin a la enfermedad

de Parkinson, y hasta ahora,

señalan los especialistas,

la monoterapia con levodopa

es la única que realmente

se ha mostrado eficaz

para combatir sus síntomas,

pero con el paso del

tiempo dicha eficacia se

pierde y comienzan a surgir

frecuentes y graves

efectos adversos, a veces

más discapacitantes que el

propio mal.

Por otra parte, al ser la

cronicidad una característica

parkinsoniana, la terapia

ha de seguirse durante

años, por lo que en la toma de

los medicamentos son frecuentes

los olvidos y el cansancio, y

es aquí donde cobra todo su

sentido una máxima que suelen

utilizar los médicos: “El fármaco

más ineficaz es el que no se toma”,

pues el incumplimiento

farmacológico deriva inevitablemente

en el fracaso terapéutico.

Actualmente la levodopa se

combina con otros fármacos de

reciente aparición merced a lo

cual se han recuperado sus beneficios

clínicos y se han reducido

sus efectos adversos. Pero

en el tratamiento del Parkinson

no sólo es válido el

apartado farmacológico, sino

que, según los expertos,

es necesario que el manejo

clínico implique, además,

terapia médica, fisioterapia,

logopedia, terapia ocupacional

y atención psicológica.

Tampoco se descarta la

cirugía, que se ha mostrado

eficaz en pacientes muy

bien seleccionados.

Tratamiento

muldisciplinario

Existe la falsa creencia, por

desgracia muy generalizada,

de que la enfermedad

de Parkinson produce demencia

y envejecimiento prematuro,

a la vez que deteriora la inteligencia

de los pacientes. Lo

que realmente ocurre es que el

enfermo parkinsoniano presenta

más dificultades para expresarse

y para realizar determinados

movimientos; de ahí el

error de asociar esta lentitud de

respuesta a demencias. Tampoco

es que se vuelvan más duros

de oído, sino que simplemente

son más lentos en reaccionar

ante una pregunta. Hay que tener

en cuenta que a medida

que el Parkinson evoluciona, el

grado de incapacidad del paciente

y la necesidad de un cuidado

más exhaustivo se hace

más patente.

En cualquier caso, todo ello

pone de manifiesto el porqué el

enfermo de Parkinson debe ser

abordado multidisciplinarmente,

y por qué a cada paciente se

le aplica un tratamiento de forma

individualizada. Así, es fundamental,

por ejemplo, que

asista a sesiones de fisioterapia

a fin de aliviar y mejorar las alteraciones

motrices que genera la

enfermedad, como rigidez,

arrastre de pies al caminar, movilidad

dificultosa, pérdida de

destreza en los movimientos,

agarrotamientos, etc. El fisioterapeuta

le indicará o le enseñará

qué ejercicios practicar para reducir

la rigidez muscular y recuperar

la flexibilidad, aliviar el dolor

articular, los calambres, etc.

El logopeda, por su parte,

se encargará de corregir las alteraciones

de lenguaje y escritura

que hayan surgido, enseñará

al paciente técnicas para

comunicarse con los demás,

prácticas de respiración controlada,

vocalización, deglución

correcta, etc. Esta última

habilidad es necesaria debido a

que es frecuente la dificultad

del parkinsoniano para tragar,

masticar debidamente un alimento

y coordinar todo ello

con el manejo de los cubiertos.

No menos importante es la

atención psicológica, ya que

son habituales en estos pacientes

los problemas de convivencia

debido a circunstancias como

los efectos secundarios de

la medicación, ansiedad, depresión,

insomnio, dependencia

excesiva, hipocondría, etc.

En este sentido, el primer cometido

del psicólogo es ayudar

al afectado a aceptar su enfermedad

y a convivir con ella.

En cuanto a la terapia ocupacional,

contempla la realización

de actividades lúdicas con

el fin de aprender a disfrutar del

ocio, poner en práctica determinados

trabajos y conseguir

prodigarse autocuidados en

aras de superar la excesiva dependencia

del cuidador, valerse

por sí mismo y prevenir la discapacidad.

De esta manera, el

propio enfermo se puede encargar

de modificar la distribución

mobiliaria del hogar para

facilitar su desplazamiento por

el mismo, eliminar obstáculos,

cambiar de sitio algunos objetos

o muebles, fijar las alfombras

al suelo, etc. También se le

ha de facilitar al paciente el proceso

de vestirse, para lo cual se

ha de cambiar en sus ropas las

cremalleras por velcro, evitar los

cordones en los zapatos, etc.

Musicoterapia

y nutrición

Otro tipo de terapia no muy

extendida, pero que cada vez

cobra más fuerza, es la musicoterapia,

es decir, la rehabilitación

a través de la música, un

método que ayuda al paciente

a mejorar la coordinación, el ritmo,

el equilibrio, la actividad

psicofísica y la expresión emocional,

entre otras habilidades.

Finalmente hay que mencionar

la alimentación. Dado que

los problemas relacionados con

la nutrición son frecuentes en los

enfermos de Parkinson, sobre todo

si son ancianos, es necesario

determinar qué dietas les son las

más adecuadas pues si bien el

afectado puede comer de todo,

no siempre puede hacerlo en

igual medida.

De acuerdo con la Asociación

Parkinson Madrid, la importancia

de mantener en el

enfermo parkinsoniano un estado

nutricional correcto reside

en que es necesario favorecer

la eficacia de los tratamientos

farmacológicos y la calidad de

vida del paciente. Para que no

haya interacciones, se ha de

evitar la mezcla de las proteínas

de la dieta con los fármacos

específicos contra los síntomas

del Parkinson.

A este respecto cabe recordar

la importancia que los especialistas

confieren a las asociaciones

de pacientes, cuyo

respaldo con sus actividades informativas,

orientativas y educativas

son de gran utilidad para

el enfermo parkinsoniano y

su entorno familiar.

Para obtener información

sobre la asociación de enfermos

de Parkinson de su

comunidad puede dirigirse

a: Federación Española de

Parkinson: c/ Padilla 235,

1º-1ª – 08013 Barcelona.

Tel: 93 232 91 94

Más información:

www.sen.es

www.parkinsonmadrid.org

www.todoparkinson.com