El Síndrome de Apneas-Hipopneas

del Sueño (SAHS)

es posiblemente una de las

enfermedades respiratorias de

conocimiento y clasificación

más reciente, pero no por ello

menos importante. Para dar a

conocer sus características,

sus principales síntomas y sus

consecuencias, la Fundación

Respira de la Sociedad Española

de Neumología y Cirugía

Torácica (SEPAR) va a dedicar

su campaña anual de concienciación

para este año

2006 a luchar contra una enfermedad

en la que la mayoría

de los que la padecen no

saben que la tienen. Y es que,

a pesar de que de una u otra

forma afecta a entre 5 y 7 millones

de españoles, de los

que dos millones la padecen

de modo estable y recurrente,

cuenta con muy pocos afectados

‘reconocidos’. De hecho,

el número de pacientes diagnosticados

y tratados alcanza

sólo entre un 5 y un 10% de

los casos graves.

Con todo, la apnea del

sueño, que hace 15 años resultaba

ser una enfermedad

‘fantasma’ de la que nadie

hablaba, comienza poco a

poco a adquirir el protagonismo

que merece en virtud

de sus consecuencias que se

concretan, principalmente,

en hipertensión, arritmias

cardiacas, infartos, accidentes

cerebrovasculares e, incluso,

la muerte.

Uno de los efectos, y

también principal síntoma de

la enfermedad, es la somnolencia

diurna que, a su vez,

provoca que la persona esté

menos atenta y, por tanto,

tenga mayor riesgo, por

ejemplo, de padecer un accidente

laboral o de tráfico. De

hecho, la probabilidad de

protagonizar un altercado al

volante puede ser, dependiendo

de los estudios, de 7

a 10 veces mayor que la de

la población general.

¿A quién afecta?

El Síndrome de la Apneas-Hipopneas

del Sueño, lejos de

lo que pueda parecer, es una

enfermedad muy prevalente

en la sociedad. “Nuestra experiencia

nos dice que afecta al

4-6% de los varones adultos y

al 2-4% de las mujeres, y que

la prevalencia aumenta con la

edad”, comenta el doctor Joaquín

Durán-Cantolla, coordinador

del grupo de trabajo

sobre Trastornos del Sueño de

la SEPAR y coautor, junto al

también neumólogo Nicolás

González Mangado, de un

‘documento de consenso’ sobre

este problema de salud.

En su elaboración han colaborado

17 sociedades y asociaciones

científicas que en conjunto

representan a más de

50.000 especialistas.

La apnea se acompaña en

la práctica generalidad de los

casos de ronquidos estrepitosos,

aunque no todos los roncadores,

sólo en torno al

15%, la padecen. Sus candidatos

más habituales son

hombres adultos y, por lo común,

con sobrepeso, tal y como

apunta el hecho de que la

obesidad está presente entre

un 50 y 90% de los pacientes

con este síndrome evaluados

en las unidades de sueño. Fumar,

beber y tomar somníferos

son también factores que

predisponen a ello.

El documento de consenso

pretende desmontar algunos

de los mitos que se han

creado en torno a la enfermedad

y que surgen por falta de

información. Así, uno de los

planteamientos que rebate es

que no sólo el hombre adulto

con sobrepeso y roncador

puede padecer este síndrome.

Al contrario, existen casos en

la edad infantil y también en

mujeres.

Listas de espera

excesivas

La paulatina mayor proyección

social de esta afección

respiratoria está teniendo como

efecto que las listas de espera

sean “excesivas”. En palabras

del doctor Durán, las

demoras, que se sitúan ahora

en torno al año o año y medio,

no deberían superar los

seis meses para enfermos leves

y dos semanas para los

más graves, “ya que el sueño

es un derecho”.

Las abultadas listas de espera

no empañan, sin embargo,

el hecho cierto de que en la sanidad

pública sí ha comenzado

a haber una cierta concienciación

sobre la apnea del sueño.

El especialista de la SEPAR reconoce

que, en los últimos años,

el esfuerzo ha sido notable. En

1994 España contaba con sólo

85 unidades del sueño, mientras

que hoy suman 254.

El Grupo Español del Sueño

reivindica que todos los

sectores implicados en el

abordaje de la enfermedad,

desde profesionales sanitarios,

pasando por administraciones

públicas y llegando a la población

general, tomen conciencia

de la necesidad de dedicar

recursos al diagnóstico y

tratamiento, así como tomar

las medidas necesarias para

prevenir y mitigar sus efectos

en la salud de las personas.