En este último año, coincidiendo

con la crisis económica,

se ha reducido un 39

por ciento el número de bajas

laborales. Asimismo, la media

de duración ha pasado de 28 a

15 días. Así se desprende de

una investigación que ha comparado

el número de Incapacidades

Temporales (IT) entre los

cinco primeros meses de 2008

y el mismo periodo de 2009 y

que se ha presentado el Congreso

Nacional de la Sociedad

Española de Medicina de Familia

y Comunitaria (semFYC),

celebrado en Barcelona.

Los autores del citado estudio

concluyen que existen diferencias

significativas tanto en la

duración como en el número

de IT entre ambos años, que no

pueden justificarse únicamente

por el aumento del desempleo,

por lo que existen otros factores,

además de la enfermedad

en si, que intervienen en la incapacidad

temporal.

Para el doctor Juan M. Téllez,

del Grupo de Salud Mental

de semFYC, “aunque no creemos

que los pacientes fuercen

su vuelta antes de lo recomendable,

sí que muchos nos comentan

su temor a perder el

trabajo si apuran o prolongan la

baja. Desde nuestra experiencia

en la consulta podemos decir

que se indican menos bajas por

motivos banales, que no requieren

necesariamente una IT,

frente a años anteriores. Además,

es cierto que en el último

año son más frecuentes los casos

de ansiedad relacionados

con el trabajo, posiblemente

por la presión que reciben del

entorno laboral actual, especialmente

más exigente”, asegura

el doctor Téllez.

En opinión de la doctora Mª

Jesús Cerecedo, coordinadora

del Grupo de Salud Mental de

semFYC, es importante tener en

cuenta que la crisis es una situación

estresante que el paciente

no ha generado y frente a la

cual se siente impotente por no

poder influir sobre ella. En ese

sentido, esta experta alerta del

papel que juegan los medios de

comunicación. “La transmisión

de la información a la población

resulta clave, tanto por la posibilidad

de generar reacciones de

miedo excesivo y pánico como

por bloquear las reacciones

adaptativas y no influir adecuadamente

en el desarrollo de

comportamientos que sí pueden

favorecer la superación de

la ansiedad y el malestar”.