En los últimos años ha aumentado el número de adolescentes que se realizan una operación de cirugía plástica; por este motivo, el doctor Antonio Porcuna, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE), recomienda no realizar estas intervenciones en menores ante las graves secuelas que pueden producirse por la falta de “madurez” física y psicología del paciente.

Según ha manifestado este especialista, hay que tener en cuenta, por un lado, que “el organismo de los adolescentes está en crecimiento, es un cuerpo que está en desarrollo y todo lo que podamos tocar desde el punto de vista estético podemos estropearlo”. Por otra parte, “el paciente de estética tiene que tener una estabilidad demostrable, que los adolescentes no tienen”, de cara a lo que esperan de la cirugía. “Sus expectativas no son reales, su imaginación vuela mucho más allá de los límites habituales y lo lógico es que no entiendan muy bien los resultados”, ha indicado.

“Una chica que con 15 años quiere ponerse implantes mamarios, por mucho que tenga el consentimiento de los padres y por mucho deseo que tenga, nunca se los deberá poner porque estamos causándole un perjuicio de cara al futuro, ya que la mama está en pleno desarrollo y un implante puede traer secuelas físicas”. En el caso de las rinoplastias, “si bien al principio no se va a notar ninguna consecuencia, cuando termine el crecimiento posiblemente la nariz se haya torcido al destruir uno de los núcleos de osificación”.

A partir de los 18 años

Por tanto, para este experto, la edad recomendada son los 18 años, ya que como cualquier cirugía implica unos riesgos que deben ser asumidos por el paciente y que cuando se es menor pueden no entenderse perfectamente. Actualmente, en los casos de los adolescentes sólo se requiere un consentimiento por escrito de la familia o tutor legal, y a partir de ahí entra en escena la metodología profesional, el juramento hipocrático y los códigos deontológicos de la SECPRE. En este sentido, denunció la existencia de muchas clínicas ilegales, que son las que sobre todo realizan este tipo de intervenciones, que no respetan los códigos deontológicos y que ejercen como cirujanos cuando no lo son, sin ser conscientes de que “en la cirugía se asumen unos riesgos y no se puede banalizar ni frivolizar”.