Ponerse un piercing en el cartílago

de la oreja es más que

una moda, es una práctica peligrosa

para la salud. Su uso conlleva,

según especialistas, un alto

riesgo de infección. Y es que,

el cartílago de la oreja no es sólo

una de las zonas del cuerpo más

escogidas por los jóvenes a la

hora de someterse a este tipo

de prácticas, cada vez más extendidas,

sino también, según

el jefe de Servicio de Medicina

Interna del Hospital Espíritu

Santo de Santa Coloma de

Gramenet (Barcelona), Miquel

Torres, “un tejido donde hay

menos riego sanguíneo”, por lo

que “existe más riesgo de infección”.

Este doctor desaconseja

perforarse el cartílago de la oreja

por el peligro que conlleva ya

que “se pueden producir complicaciones

graves y hay incluso

riesgo de perder parte del cartílago”.

De hecho, aunque actualmente

entre un 10 y un

20% de los piercings que se colocan

acaban provocando una

infección cutánea, el porcentaje

sube hasta un 30% en el caso

de que la perforación se realice

en el cartílago de la oreja.

Para informar al personal

aplicador de piercings, tatuajes

o que realizan técnicas de micropigmentación

sobre las

medidas sanitarias que hay

que adoptar para realizar este

tipo de técnicas, la Generalitat

de Cataluña acaba de editar

una guía higiénico-sanitaria

orientada a este sector. En ella,

desaconseja colocar piercings

en el cartílago de la oreja y

alerta de que el periodo de cicatrización

puede durar de

cuatro meses a un año, con un

peligro “alto” de provocar una

infección y la aparición de secreciones,

inflamaciones o la

destrucción del propio tejido.

El riesgo también

está en los genitales

El ombligo, los pezones y el

cartílago de la nariz son zonas

también muy sensibles a la hora

de colocar piercings, aunque,

según el doctor Torres, el

peligro de infección “no es tan

alto como cuando se perfora

el cartílago de la oreja”.

En los últimos años se ha

extendido la moda de ponerse

piercings en los genitales, lo que

aumenta el riesgo de sufrir enfermedades

de transmisión sexual,

ya que “se facilita la transmisión

de gérmenes, que en situación

normal frenarían las

mucosas”, asegura. Pero los

riesgos no acaban ahí. Hay

hombres que se colocan este tipo

de elementos decorativos en

el glande del pene, lo que “les

impide colocarse el preservativo

a la hora de mantener relaciones

sexuales”, según declaraciones

de la representante de la

Comisión Permanente de Salud

Pública de la Federación de Municipios

de Cataluña, Mercè Tor.

Además, el piercing en el glande

puede producir desgarros.

Estrechamiento de la uretra,

estrangulación del glande

y la muerte de los tejidos del

clítoris son los riesgos de esta

práctica que se recogen en esta

guía, en la que se recomienda

que, en caso de ponérselo,

no se mantengan relaciones

sexuales hasta que cicatrice

bien, lo que sucede en unas

diez semanas.