Las investigaciones muestran que de cada diez personas que se suicidan, 9 verbalizaron claramente sus propósitos con anterioridad y la otra dejó entrever sus intenciones de acabar con su vida. “Son señales que nunca pueden ser consideradas a priori como un chantaje o manipulación de la persona para la obtención de un fin determinado”, subraya la doctora Julia Rosa Bilbao, psiquiatra de IMQ.

Son datos que contradicen la creencia popular de que ‘el que expresa su deseo de acabar con su vida, no lo hace finalmente’, asegura la especialista. A su juicio, los medios de comunicación y las redes sociales pueden jugar un papel determinante informando sobre estrategias y recursos de prevención del suicidio.

Asimismo, son herramientas que pueden ayudar a desterrar mitos erróneos sobre la intención de suicidio. En ese sentido, la doctora asegura que “se dice en el ambiente popular que hablar sobre las ideas de suicidio con una persona que esté en riesgo incita a que lo realice. Esto no es cierto. Hablar puede aliviar la tensión y reducir el riesgo de que se lesione o se mate; y puede ser la única posibilidad que la persona tenga para analizar estos propósitos autodestructivos y buscar otra salida”.

Cómo hablar del suicidio

De hecho, a juicio de la especialista, desde el punto de vista social y político “es importante mantener el debate sobre el suicidio y darle visibilidad para instaurar y mejorar protocolos que faciliten la prevención”.

Por otro lado, a la hora de hablar de con una persona que tiene la intención de quitarse la vida, cómo debemos acercarnos y hablar. Según la doctora Julia Rosa, “para ayudarle es necesario que cuidemos nuestra posición y actitud respecto a él o ella. Debe ser de total respeto a la persona, sin criticar, juzgar, discutir, desafiar o utilizar sarcasmos. Y en disposición de escucha auténtica y reflexiva sin entrar en pánico”.

“Una comunicación basada en el respeto y comprendiendo la situación de crisis que la persona está viviendo, permite abrir un camino para buscar alternativas. Pedir asistencia profesional especializada, acompañarle a urgencias para que sea valorado y brindar apoyo emocional en el proceso para favorecerle en la recuperación pueden ser algunas”, indica la psiquiatra de IMQ.

Señales de alarma ante el suicidio

El suicidio parece ser que sí entiende de sexos y no es igual en todas las regiones. Según los datos que maneja IMQ, en el mundo se suicidan más del doble de hombres que de mujeres. Una proporción de 12,6 por cada 100.000 hombres frente a 5,4 por cada 100.000 mujeres.

Entre las señales de alarma que pueden sugerir que una persona está pensando en suicidarse, la psiquiatra indica varias. La primera -recalca- es justamente cuando el suicida piensa a menudo en ello, no deja de darle vueltas o incluso verbaliza directamente la idea.

“Otra señal de alarma la tenemos cuando la persona realiza preparativos relacionados con su desaparición como arreglar documentos o cerrar asuntos o trámites”, añade. La aparición de cambios repentinos en su conducta, un aumento significativo de la irritabilidad, autolesiones o un incremento de la ingesta de bebidas alcohólicas pueden ser otras señales.

Motivos de suicidio

No existe ninguna teoría que explique el suicidio de una forma completa. “El suicidio puede ser una consecuencia de la desesperación intensa a la que llega una persona. Y la causa de esa desesperación puede ser la presencia de una enfermedad mental, el abuso de sustancias, la ludopatía o una enfermedad física, entre otros”, dice la psiquiatra.

La presencia de enfermedades mentales en el momento del suicidio varía entre el 27% y el 90% de los casos. El abuso de sustancias es el segundo factor de riesgo más común. En muchos casos, el abuso de sustancias está asociado con algunos trastornos mentales, resume la doctora.

Si bien la relación entre el suicidio y trastornos mentales es conocida, no es el único motivo. La incapacidad para afrontar ciertas situaciones es otro motivo. “Hay casos de personas en situaciones de crisis ante problemas de salud, económicos, de relación interpersonal, bulling, abusos sexuales, estados psicológicos, aislamiento desesperanza, pérdidas y un largo etcétera”, indica.

La actual pandemia ha puesto en jaque la salud mental de la sociedad. Se ha producido un aumento de demanda en atención y de asistencia a urgencias en general. Los niños y jóvenes han sido un grupo especialmente vulnerable. “Esta situación ha puesto de manifiesto las carencias y miedos que cada persona posee y hemos tenido una mayor demanda por cuadros de ansiedad y depresiones y, como consecuencia, un potencial mayor riesgo de suicidio”, destaca.