Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la resistencia antimicrobiana podría cobrar 10 millones de vidas a nivel mundial, esto debido a un crecimiento considerable en el número de infecciones y el mecanismo de resistencia de las bacterias.

Estos factores llevan consigo un impacto en la eficacia de los antibióticos, lo que en la estancia hospitalaria produce una mayor mortalidad y mayores costos de atención, según el doctor Alfredo Ponce de León, infectólogo del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.

Las opciones están en algunos protocolos que procuran el uso adecuado de los antibióticos a través de la prescripción responsable, ya que los mayormente afectados que fueron los pequeños menores a un mes de vida.

En el último informe anual de la Red Hospitalaria de Vigilancia Epidemiológica (RHOVE) de la Secretaría de Salud que incluye 378 hospitales registraron 61.969 casos de infecciones relacionadas con la atención a salud con una tasa de letalidad de 16.1 por cada 100 casos.

También sobresalieron las cifras de la mortalidad en México en terapia intensiva por problemas de infecciones durante la hospitalización oscila entre el 35 y 40 por ciento, pues mientras más fuerte sea el antibiótico administrado, también es mayor la toxicidad del mismo, esto sin contar las circunstancias médicas por las que el paciente llegó a esa área.

Con la ayuda de la Estrategia Nacional de Acción Contra la Resistencia ante los Antimicrobianos se podrán controlar las enfermedades infecciosas que no sólo se propagan en el ámbito de la salud pública, sino en la agricultura y en el medio ambiente en general.

Este programa debe ser implementado para todos los trabajadores de la salud, desde médicos especialistas hasta enfermeras y farmacólogos, lo que permitiría disminuir la mortalidad y morbilidad, así como los costos de atención.

Todo protocolo debe guiarse por cuatro pasos: Evidencia, en la cual los investigadores deben analizar las cepas más resistentes e identificar un foco de patrones locales, es decir, en cada institución. Evaluación, utilizar el adecuado régimen de limpieza y aislamiento para cada paciente de ser necesario. Ejecución, el personal médico responsable de aprobar el uso de antibióticos debe reunirse regularmente para monitorear las cepas resistentes. Desenlace, retirar los antibióticos que ya no reaccionen a las bacterias para frenar la resistencia.

Éste plan de acción pretende frenar dicho problema, laboratorios como MSD apoyan la investigación para seguir diseñando antbióticos con nuevas formulaciones moleculares que ataquen las infecciones hospitalarias.

La eficacia de los antibióticos no puede generalizarse, pues mientras la bacteria sea sensible, el antibiótico puede seguir prescribiéndose de manera normal, cuando la bacteria no responde es cuando es necesario cambiarlo por ejemplo cuando estudios de laboratorio indican un 15% de resistencia, éste antibiótico ya no es apto, aseguró el infectólogo.