La industria del autocuidado ha demostrado tener un papel vital en la pandemia, pero también lo tiene en el futuro del sistema sanitario, pudiendo reducir las consultas innecesarias de una tensionada Atención Primaria y ofreciendo soluciones a los síntomas leves que deja como estela la COVID persistente.

¿Esperan que este 2022 se estabilice el sector del autocuidado a niveles de prepandemia?

Pensamos que probablemente vamos a convivir con el coronavirus, pero no de una manera pandémica. Si esto es así, entendemos que el mercado, y así lo está mostrando, tenderá a normalizarse. Esto significa que algunas categorías que crecieron exponencialmente en el 2020 y el 2021, comparadas con estas cifras, van a decrecer, y categorías que habían estado casi desaparecidas, como es toda el área de respiratorio, tenderán a recuperarse. De esta forma, en 2022 estimamos índices de crecimiento, pero siempre dependiendo de cómo evolucione la pandemia y las diferentes patologías. Así, hablamos de crecimientos de entre el 2 y el 3 por ciento, también teniendo en cuenta la inflación del país, que es el crecimiento habitual del Consumer Health.

¿Qué productos de autocuidado han llegado con la pandemia para quedarse?

Sobre todo, los productos relacionados con el tema de protección, como las mascarillas o los geles hidroalcohólicos, que no van a tener el uso de la pandemia, pero que seguramente sigan en nuestras vidas, por ejemplo, cuando alguien tenga un proceso infeccioso. Antes nos habría parecido muy extraño y ahora quizás lo hayamos normalizado. También todo lo que tiene que ver con la cultura de la prevención en general, que son productos que ya se utilizaban, pero que seguramente no estaban tan penetrados como en otros países de Europa. Es un cambio en la cultura del autocuidado que ha llegado para quedarse.

¿Cuál ha sido la evolución del sector del autocuidado en los últimos años? ¿Cómo se sitúa a nivel internacional? 

Si nos fijamos en los años prepandemia, el mercado español estaba creciendo más que el europeo. En Europa, la comparativa con los datos más homogéneos los tenemos en los medicamentos no sujetos a receta. En este ámbito, hemos pasado de representar un 4 por ciento, a casi un 7 del mercado de los medicamentos totales. La cuestión es que esta cifra en Europa ya es del 12 por ciento. Por lo tanto, hemos evolucionado más rápido que Europa, pero aún nos queda camino por recorrer. España es un país emergente en el sector del autocuidado, y la COVID ha acelerado el consumo en este ámbito. De hecho, la pandemia ha marcado mucho el sector, y, desde 2020, se produjeron muchos desequilibrios. En general, con categorías que crecieron mucho y otras que decayeron de manera brutal. En 2021, categorías que no existían, como los test de antígenos, han tenido un crecimiento muy fuerte al convertirse en productos de no prescripción. A nivel de Europa no ha sido muy diferente, aunque en Centro Europa los productos de prevención, como por ejemplo el mercado de vitaminas y minerales, ya estaban mucho más asentados previamente.

¿Y por qué hay estas diferencias con Europa? 

El mercado de autocuidado en Europa se crea antes que el español. Por poner un ejemplo, nuestra sociedad de autocuidado europea tiene casi diez años más que su homóloga española. Por ello, la conciencia de lo que era autocuidado se creó también antes. Esto va unido a una cultura de prevención que se relaciona con el consumo de productos como plantas medicinales, vitaminas, etc., cuya tradición de uso está muy extendida en países centro europeos.

Hablando de la proyección a futuro, ¿está trabajando el sector para acceder a los fondos Next Generation de la Unión Europea? ¿Qué podrían aportar los mismos?

Pueden ayudar al sector a la hora de fabricar sus productos de una manera mejorada y más inteligente, que sería todo lo relacionado con las smart factories. En el caso de los fondos Next Generation, estos ya hablan de digitalización, lo que nos permitirá ser más eficientes en nuestros procesos, pero también una comunicación más rápida y ágil. Otro elemento es la sostenibilidad, que va a estar en la agenda tanto europea como española en los próximos años.  Por lo tanto, estos fondos son dinamizadores de la agenda productiva, y nos ayudan a ser una industria más moderna más sostenible, más verde y digital.

En sostenibilidad e innovación, ¿cuáles serían las líneas de mejora?

Continuar trabajando en la línea de las smart factories. Ser eficientes, ser una industria que consuma menos recursos y lo más respetuosa posible con el medio ambiente. Por ejemplo, contando con flotas de automóviles y de logística más respetuosas con el medio ambiente. A nivel de sostenibilidad, el sector está especialmente comprometido en la reducción de envases que no sean amigables con el medio ambiente, es decir, reducir el uso de plásticos, por productos que puedan ser reciclables. Esto no es tan sencillo, porque los medicamentos están registrados con un tipo de envase determinado y, si lo cambiamos, hay que asegurarse de que se conserva igual, que sigue siendo eficaz, etc. No es cambiar una cosa por la otra de un día para otro, pero sí existe ese compromiso firme tanto a nivel europeo como a nivel español en este sentido.

¿Y qué puede aportar ANEFP a la digitalización de la oficina de farmacia? 

ANEFP ha instaurado un programa sobre la digitalización de la farmacia. Una de las cosas que ha provocado la pandemia es un aumento de demanda digital por parte del ciudadano, y la farmacia no puede ser ajena a esto. Por lo tanto, tampoco lo puede ser el sector del autocuidado.  Pero no queremos reducir la digitación al eComerce, queremos profundizar en cómo podemos utilizar las redes sociales para hablar con el ciudadano y la farmacia. Para ello, en ANEFP tenemos un comité que trabaja la agenda digital y, dentro de la misma, la agenda digital de la farmacia. El objetivo es que no haya brecha digital entre las farmacias, independientemente de su tamaño.

Dando más pasos en digitalización, ¿deberían estar los medicamentos de autocuidado en la receta electrónica?

Solemos cometer el error de pensar que receta y prestación es lo mismo. El tema es que, si hablamos de plan terapéutico único, en este tiene que estar todo lo que toma el paciente. Por ejemplo, si el paciente toma antitusivos, estos no están en la prestación, pero el médico debe poder prescribírselos. Por tanto, que estén en la receta electrónica es un elemento clave. Así, no solo deberían estar los medicamentos no sujetos a prescripción, sino que deberían estar todos los productos de autocuidado. Hay que tener en cuenta que el paciente puede estar tomando, por ejemplo, una fibra vegetal o unas vitaminas que pueden interactuar con otros tratamientos. Hay que distinguir la receta del plan terapéutico, donde tanto el profesional de Medicina, de Enfermería o de Farmacia pueda ver qué está tomando el paciente.

¿Cómo va su implementación en este momento? 

Ya hay 13 comunidades autónomas donde se pueden prescribir electrónicamente los medicamentos no sujetos a receta médica. Pero tenemos que ir un paso más allá. Tenemos que incluir todos los productos de autocuidado en la receta electrónica y en su base de datos. Lo cual no significa que pidamos prestación, sino que, aún sin prestación, figuren igualmente en la receta electrónica. Además, teniendo en cuenta que la receta electrónica ya es interoperable entre comunidades autónomas, no puede ser que en unas figuren medicamentos no sujetos a receta médica y en otras no, porque entonces estamos perdiendo esa interoperabilidad. Por último, hay que tener en cuenta que profesiones como la Enfermería, que puede indicar este tipo de medicamentos, también necesitan que estén en la receta electrónica.

En las CC. AA. en las que ya se ha implantado, ¿se ha mejorado también la información sobre estos fármacos para médicos y farmacéuticos?

Efectivamente, a los profesionales de Atención Primaria les es extremadamente útil. Porque si estos medicamentos y productos no aparecen en sus sistemas, para ellos es como si no existieran. El que estén en una base de datos es un valor añadido, porque no hay que olvidar que estamos hablando de un total de 75.000 medicamentos y productos, por lo que es imposible conocerlos todos a fondo. Pero sí es importante tener acceso a la información de aquellas categorías que se utilizan con más frecuencia.

¿Cuáles son, entonces, los retos de formación para los colectivos profesionales responsables de la recomendación de estos tratamientos?

Actualmente tenemos un convenio con la SEMG, con el objetivo de que el médico pueda acceder a la formación e información de estos productos, conocerlos mejor, saber cómo actúan y tener la opción de incluirlos en el plan terapéutico, si toma esa decisión.

¿Se ha sumado entonces ANEFP a este nuevo entorno de formación online para los profesionales?

Lo hemos aprovechado sobre todo con la farmacia. Como ejemplo, con el Consejo General de Farmacéuticos hicimos una formación on-line sobre los productos de autocuidado. Es seguramente el sector en el que tengamos este tipo de formaciones más desarrolladas.  Ahora, tanto con SEMG como con el Consejo General de Enfermería, estamos intentando diseñar programas de forma conjunta. Estamos en una etapa más de desarrollo en este sentido.

Hablando de la Atención Primaria, ¿qué papel puede tener el autocuidado en la crisis actual de la Atención Primaria?

Tenemos una Primaria tensionada, que va a empeorarse con las jubilaciones que están por llegar, por la falta de profesionales. Sabemos que casi un 70 por ciento de las consultas de Atención Primaria son de síntomas menores. Por lo tanto, con un ciudadano más formado en autocuidado, cuando realmente no sea necesario, no acudirá a la consulta. En este contexto, tenemos mucha capacidad de mejorar el tiempo disponible por paciente para los profesionales.  Tenemos un rol importantísimo y, es cierto que no somos la solución, pero sí somos una parte de esta.

Precisamente sobre estos síntomas menores, actualmente muchos tienen que ver con la COVID persistente, sobre la que ANEFP acaba de participar en un consenso, ¿por qué surge el mismo? ¿Qué papel tiene el autocuidado en este contexto?

Desde ANEFP hemos dado a conocer que hay una serie de productos que actúan sobre esta sintomatología leve y, por tanto, mejoran el día a día de estos pacientes. Con este informe, en concreto, lo que hemos trabajado es llegar a un consenso con profesionales de la Medicina, la Enfermería y la Farmacia, con el objetivo de que no queden pacientes por identificar y tratar. Siempre teniendo en cuenta que en nuestro sector nos movemos en sintomatología leve, que es una parte de los pacientes con COVID persistente. Por tanto, nuestros productos pueden ayudar a mejorar su calidad de vida.

Y más allá de la COVID persistente, también ha empeorado la percepción de salud en cuanto a ganancia de peso, más ansiedad, etc., ¿qué puede hacer la industria del autocuidado al respecto? 

En este contexto, el sector lo primero que puede hacer es aportar información veraz y adecuada al ciudadano. Lo segundo es proveer de buenos medicamentos y productos para ayudar a esta sintomatología. Por ejemplo, tenemos medicamentos y productos, siempre hablando de síntomas leves y moderados, que ayudan en procesos de ansiedad, dolores de cabeza, inducción del sueño, complementos alimenticios, etc. El sector, además, puede seguir innovando en esta línea para ofrecer más alternativas. No hay que olvidar que el autocuidado plantea cada mes más de 600 novedades, que pueden ser totalmente innovadoras o a veces formatos diferentes. Pero, sin duda, es un sector muy dinámico a la hora de ofrecer soluciones.

Sobre la necesidad de formar a la población, los datos indican que en 2021 aumentó la automedicación en España, ¿es necesario seguir trabajando en formar en una automedicación responsable? 

Nunca hablamos de automedicación, sino de autocuidado. Siendo así, la palabra cuidado implica responsabilidad. Para ello, es cierto, que es vital tener educación y formación en salud. Desde ANEFP, creemos que incluso en las escuelas sería recomendable tener un itinerario en el que se hable de autocuidado. Esta formación es clave para tomar los productos de forma adecuada, con una indicación correcta y evitando posibles combinaciones inadecuadas. Muchas veces el problema no es la falta de responsabilidad, sino la falta de acceso a una información veraz y contrastada. Además, desde la industria seguimos trabajando por cuidar la publicidad, mejorar los prospectos y ofrecer sistemas digitales para ofrecer información extra al ciudadano. Pero no podemos hacerlo solos, también tienen un papel no solo los colegios, sino especialmente los médicos o los farmacéuticos y otras profesiones sanitarias.

El problema es que la información que le llega al usuario a veces es errónea, ¿qué papel tienen nuevas figuras, como la de los ‘influencers’? 

El control de la red es muy difícil, y cualquier persona con seguidores puede ser un influencer. Es un espacio muy atomizado. Lo que podemos hacer desde la industria es trabajar con influencers de referencia, que sepan realmente de lo que están hablando. Por su parte, en términos de salud, los influencers deberían trabajar en códigos de ética como sector y se deberían perseguir las malas prácticas en este sentido. Desde la industria los hemos definido como un target más, por eso en nuestras jornadas trabajamos con influencers de salud, muchos de ellos profesionales sanitarios, que realmente conocen el sector y hacen un trabajo muy importante. Así, a través de estos, también tratamos de atraer un poco a otros influencers, como elementos de formación y atracción para mejores prácticas.