No son buenas las previsiones sobre la depresión. La Organización Mundial de la Salud (OMS) augura que en el año 2020 las patologías psiquiátricas serán las enfermedades que mayor discapacidad produzcan, y entre ellas la depresión será -ya lo es- una de las más frecuentes, con el agravante de que es de las que más empeora la calidad de vida de quienes la padecen. Las cifras que se manejan sobre esta enfermedad no son precisamente tranquilizadoras y para muestra un botón: el 90% de los pacientes deprimidos sufre un deterioro moderado o grave en el ámbito laboral y doméstico y en sus relaciones sociales. En un reciente simposio celebrado en Granada sobre nuevos objetivos en la depresión a largo plazo, organizado por la Asociación Mundial de Psiquiatría y la Organización Mundial de Médicos de Familia (WONCA), los expertos allí reunidos pusieron de relieve que uno de cada seis españoles sufrirá al menos un episodio de depresión a lo largo de su vida. Y para un paciente deprimido, una de las principales causas del deterioro de la calidad de vida son las frecuentes recaídas. Según el doctor Javier García Campayo, del Servicio de Psiquiatría del Hospital Miguel Server de Zaragoza, la mitad de las personas que sufren un primer episodio de depresión, al cabo de cinco años tendrá una recaída. De éstos, la probabilidad de que vuelvan a tener otro episodio es de un 70%, y si han sufrido tres o más, tal posibilidad aumenta hasta el 90%.

Los ancianos, peor pronóstico

En el caso de los ancianos, la depresión tiene un pronóstico aun peor. Según explica el doctor Pedro Gil Gregorio, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, la depresión en el anciano plantea un mayor riesgo de cronificarse y de presentar recurrencias, incrementa el riesgo de que aparezcan otras patologías y de desarrollar deterioro cognitivo, al mismo tiempo que ocasiona o acelera la aparición de incapacidad funcional o física. Como ocurre con todas las enfermedades, el infradiagnóstico o el diagnóstico tardío y, en consecuencia, la falta de tratamiento, son algunos de los problemas más importantes del manejo de la enfermedad en los pacientes geriátricos, hasta el punto que se estima que tres de cada cuatro ancianos europeos con un trastorno depresivo no reciben ningún tipo de tratamiento.

Tratamiento prolongado

El lado positivo es que incluso la depresión grave responde bien al tratamiento. Las terapias más comúnmente empleadas para combatirla incluyen los antidepresivos, la psicoterapia o una combinación de ambos. La naturaleza y severidad del trastorno determinarán cuál es la opción apropiada. En cualquier caso, la novedad estriba en que, según se ha confirmado recientemente, para que el tratamiento sea eficaz su aplicación ha de ser a largo plazo. El propósito de los especialistas de establecer una mejor estrategia para el tratamiento a largo plazo de la depresión concluyó con un Documento de Consenso avalado por la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental donde quedan puestos de manifiesto los beneficios que supone tratar la depresión como una enfermedad crónica y señala que son los ancianos con trastornos depresivos “los que constituyen un grupo de población en el que está más indicado el uso de tratamientos a largo plazo por la gravedad y recurrencia de los cuadros depresivos”.

Fármacos bien tolerados

Según los especialistas, los fármacos para prevenir las recurrencias son bien tolerados por los pacientes y no se han observado efectos adversos añadidos, o en todo caso, éstos son los mismos que pueden presentarse con los antidepresivos que se administran a corto y medio plazo. De acuerdo con García Campayo, en pacientes que tienen un episodio y al cabo de varios años sufren otro nuevo, “lo recomendable serían tratamientos de, al menos, tres o cuatro años. Y si vuelve a presentar otro episodio más, entonces nos planteamos la posibilidad de hacer un tratamiento de por vida. Antes, los tratamientos eran de cuatro, seis o doce meses como máximo, para buscar la pronta recuperación del paciente, pero los estudios han demostrado que los pacientes, cuando mejoran, tienden a abandonar la medicación, o los profesionales de suprimirla, por lo que al cabo de unos años estos pacientes recaen”.

Recaídas y recurrencias

Recaída (que la depresión reaparezca antes de la recuperación total) y recurrencia (que se presente un nuevo episodio de depresión en un breve espacio de tiempo) son dos conceptos inherentes a la depresión. Los últimos estudios han confirmado que con cada nuevo episodio depresivo aumenta la probabilidad de recurrencia, y los pacientes que han sufrido dos o tres recurrencias depresivas tienen mayor riesgo de suicidio. A este respecto, el doctor Julio Vallejo, Jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Bellvitge en Barcelona, subraya que “con frecuencia, los pacientes con depresión abandonan el tratamiento porque infravaloran el riesgo de sufrir recaídas y recurrencias. Es decir, no son conscientes del riesgo que entraña abandonar el tratamiento de cara a sufrir una recaída y, sobre todo, frente a que aparezcan las recurrencias