La labor de la Atención Primaria (AP) durante la pandemia ha sido muy amplia en diferentes ámbitos. Sin embargo, este colectivo no se siente valorado en su justa medida. “Los médicos de familia hemos jugado un papel principal diagnosticando, siguiendo, acompañando a los pacientes, un trabajo poco reconocido. Hemos desarrollado un volumen de trabajo inconmensurable”, explica el doctor Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).

Para justificar estas aseveraciones, el especialista ha mostrado los últimos datos que ha hecho públicos el Ministerio de Sanidad. Estos reflejan que los infectados por COVID-19 confirmados a esa fecha era de 3.467.000, de los que ingresados en UCI por esta causa alcanzaron los 340.100. Del total de estos pacientes, el 89,9% fueron casos atendidos desde Atención Primaria.

Así ha arrancado la mesa de controversia en el XXVII Congreso de la SEMG, y que llevaba por título: “El papel de la AP en la crisis de la pandemia: un solo profesional, múltiples escenarios” que ha tenido lugar.

En ella, se ha puesto sobre la mesa la importancia del médico de familia en la lucha contra la pandemia desde diferentes escenarios: en el centro de salud, en las urgencias hospitalarias, en las urgencias extrahospitalarias y en las residencias sociosanitarias y centros COVID-19.

Perspectiva desde el centro de salud

El doctor Armenteros ha subrayado que ya antes de que empezara la pandemia se ha visto una Atención Primaria precaria. “Los primeros muertos fueron los profesionales de AP porque nos enfrentábamos a algo que conocíamos y que las autoridades sanitarias minimizaron. Hemos sido los grandes desconocidos de la pandemia”.

Armenteros, que ejerce como médico de familia del Centro de Salud Islas Canarias, en Lugo, ha indicado que España cuenta con un nivel de Atención Primaria desarrolladísimo. Cuenta con más de 13.000 centros de AP, donde se realizan más de 230 millones de consultas. Pese a ello, el portavoz de SEMG ha lamentado: “hemos sido la parte más débil y menos protegida del sistema. Hemos sido desatendidos por la gestión política, aunque nuestra labor ha servido para evitar una mayor tensión hospitalaria”.

Perspectiva del médico de familia de Urgencias

Por su parte, el doctor José Luis Guerrero, jefe de Servicio de Urgencias Hospital Comarcal de Inca, en Mallorca, ha relatado cómo han vivido en su centro desde el inicio de la pandemia. En este sentido, el clínico se ha referido al entorno VUCA que fue creado tras la Guerra Fría, alegando que es aplicable a la situación vivida en las urgencias hospitalarias.

VUCA es el acrónimo en inglés de cuatro elementos: volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad. En este escenario, Guerrero ha hablado de volatilidad porque se han producido muchos cambios simultáneos, pero, sobre todo, con certezas rápidas y fugaces. La incertidumbre que ha generado una falta de predictibilidad. La complejidad de la situación con muchas variables interconectadas. Y la ambigüedad, con conflictos que aparecieron al mismo tiempo.

La receta de este médico se basa en fomentar el trabajo en equipo de forma mucho más generosa. De manera que permita establecer una estrategia de cambio basada en la experiencia y el conocimiento conforme aparezca. “El movimiento y el cambio son probablemente la nueva estabilidad del entorno”, ha finalizado.

Perspectiva desde las residencias

En cuanto al ámbito de la actuación de los médicos de familia en las residencias y los centros COVID-19, ha sido el turno del doctor Manuel Mozota, del Centro de Salud Noain, en Navarra.

Este médico ha iniciado su ponencia presentando los datos de fallecimientos protagonizados por el coronavirus en las residencias de mayores en España. Según los datos del Ministerio de Derechos Sociales, Sanidad y Ciencia e Innovación, esa cifra asciende a 29.600 personas. Datos disponibles a 23 de mayo.

Más allá de las cifras, el doctor Mozota incide en que el hecho fue “dantesco”. El no cumplimiento de las medidas de seguridad: falta de mascarillas, falta de ventilación, deficiencias estructurales, etcétera podrían ser algunas de ellas. “Lo cierto es que algo pasó en las residencias y no se actuó con la debida contundencia”, continúa. La llegada de las vacunas supuso un alivio en estos centros y ha demostrado ser eficaz a tenor del descenso de cifras de infectados a partir de febrero de este año.

Mozota ha cerrado su charla destacando la necesidad de poner en valor a la Atención Primaria. “Para ellos hay que dotarla de los medios necesarios para poder vacunar a la población como ya lo lleva haciendo con la gripe todos los años. De hecho, “ante el déficit de la AO se hacen centros de vacunación multitudinarios.