Una nueva investigación se está centrando en la creación de una herramienta biológica para generar variantes genéticas del SARS-CoV-2. Se trata de un clon infectivo  que permite analizar fármacos antivirales y poder desarrollar candidatos vacunales. El avance en la biología molecular del virus está siendo posible gracias a un trabajo internacional que cuenta con participación de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Los resultados se publican en la revista mBio.

El clon infectivo del SARS-CoV-2 se ha desarrollado a partir del uso de cromosomas artificiales bacterianos. Esta herramienta podría ser fundamental para conocer detalles esenciales del ciclo viral y su patogenicidad.

Al respecto de este clon infectivo, explica sus claves Fernando Almazán, del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC). Para su realización se ha recurrido a la utilización de cromosomas artificiales bacterianos para la generación de un clon infectivo estable del SARS-CoV-2.  Estos plásmidos permiten clonar secuencias exógenas de gran tamaño y minimizan los problemas de toxicidad. Esta tecnología se ha aplicado previamente con éxito para generar clones infectivos de otros coronavirus y otros virus como el zika.

Un clon infectivo del SARS-CoV-2

Para la creación del clon infectivo se parte de fragmentos de ADN sintéticos que abarcan el genoma completo del virus. Con ellos se genera una copia ADN del genoma viral que se ensambla en el cromosoma artificial bacteriano. Todo bajo el control de un promotor reconocido por la maquinaria celular. Posteriormente, el clon infectivo generado se introduce en la célula. Una vez allí es transcrito por la maquinaria celular, generándose copias del genoma viral que inician el ciclo de la infección. Así se generan partículas virales infectivas.

La generación de clones infectivos de virus pertenecientes a la familia de los coronavirus presenta varias dificultades técnicas. Especialmente debido al gran tamaño del genoma viral (alrededor de 30 kilobases). También a la toxicidad de ciertas secuencias del genoma viral cuando son amplificadas en bacterias.

Es por ello que los investigadores han comprobado la estabilidad del virus producido y los efectos de la infección en hámsteres. De esta forma han observado que la patogenicidad y capacidad infectiva es similar a la del virus original.