Abordar la depresión en adultos pasa, en muchos casos, por analizar un posible trauma infantil. De hecho, estudios han encontrado que más del 60 por ciento de los varones y del 50 por ciento de las mujeres han estado expuestos a traumas psicológicos. Así, haber vivido acontecimientos traumáticos es uno de los principales factores asociados al desarrollo de trastornos psiquiátricos, especialmente, depresión. Se trata de un dato relevante, ya que la depresión asociada al trauma infantil requiere de una atención y tratamiento especializados.

Todas estas ideas se han puesto de manifiesto durante la Jornada de Trastornos Afectivos, organizada por Lundbeck hoy en Barcelona. En la misma intervenía Guillermo Lahera, profesor titular de Psiquiatría en la Universidad de Alcalá, e investigador CIBERSAM. “El trauma infantil aumenta el riesgo de depresión y puede aumentar también, en la vida adulta, el riesgo de inicio temprano, recaída y cronicidad de esta enfermedad. Más allá de los efectos negativos sobre la salud mental, el trauma infantil impacta también a nivel neurobiológico, físico, conductual y psicosocial”.

¿Qué se considera un trauma infantil?

Cabe puntualizar que se considera como experiencia traumática cualquier situación en la que una persona se ve expuesta a escenas de muerte real o inminente, lesiones físicas graves o agresión sexual, ya sea en calidad de víctima directa, cercana a la víctima o como testigo.

El trauma psicológico multiplica por cuatro el riesgo de depresión tras múltiples experiencias adversas en la infancia. De esta forma, el 24,2 por ciento de niños y adolescentes expuestos a trauma cumplen los criterios de depresión. En concreto, es el trauma por violencia interpersonal el de mayor prevalencia y nivel de depresión. Este grupo de población cuenta con 2,6 veces más de probabilidad de desarrollar depresión que aquellos niños y adolescentes no expuestos al trauma. Sin olvidar que el trauma psicológico aumenta el riesgo de suicidio de 2 a 5 veces.

Así, “en aquellas personas con antecedentes de trauma infantil hay que evaluar si están afectados los dominios del funcionamiento emocional, conductual, cognitivo, somático y relacional”, matiza Lahera. El tratamiento recomendado para el TEPT se basa en psicoterapias como la terapia cognitivo-conductual focalizada en el trauma, la exposición prolongada y EMDR.

El tratamiento farmacológico puede ser también necesario. En este sentido, “vortioxetina ha mostrado eficacia a corto y largo plazo en los síntomas depresivos y de ansiedad, y en el funcionamiento general en pacientes con depresión que reportaron trauma infantil o reciente”, concluye Lahera.