El análisis del ojo, y más concretamente del cristalino, puede consolidarse como una nueva vía a la hora de detectar la diabetes y, sobre todo, de predecir su posible aparición. Así lo indica un estudio presentado en la reunión anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD), celebrada en Barcelona el pasado mes de septiembre, donde se ha puesto de manifiesto que esto es posible gracias a la utilización de un tipo de biomicroscopio recién desarrollado. Esta herramienta permite medir el nivel de autofluorescencia del cristalino del ojo, lo que ayuda a determinar si una persona es intolerante a la glucosa, patología que abre la puerta a un futuro desarrollo de la enfermedad.

El estudio, que lleva como explícito título ‘Las mediciones no invasivas de los productos AGE en el cristalino del ojo pueden distinguir a los sujetos con prediabetes y diabetes tipo 2’, lleva la firma de Mitra Tavakoli, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Exeter (Reino Unido), y en él toma como punto de partida el análisis de la acumulación de productos finales de glicación avanzada (AGE) en el cuerpo, los cuales contribuyen a la patogénesis de muchas enfermedades. Entre las mismas se encuentran las complicaciones de la diabetes, incluida la retinopatía (daño del nervio ocular) y la neuropatía (daño nervioso general).

En su trabajo, Tavakoli apunta que las proteínas en el cristalino no cambian y, por lo tanto, “dan una indicación de los niveles promedio de glucosa durante un periodo de tiempo muy largo”. En este sentido, los AGE tienen una fluorescencia medible única, algo a lo que no se le ha podido sacar más partido hasta la fecha porque la medición no invasiva de estos productos finales de glicación avanzada “no estuvo disponible hasta hace poco con la introducción de un nuevo biomicroscopio confocal de barrido”.

La incógnita que la autora quería despejar es si la medición de la fluorescencia automática del cristalino con un escáner realizado con este biomicroscopio permite distinguir a sujetos con diabetes tipo 2 (DMT2) o con intolerancia a la glucosa (lo que ayuda a predecir la aparición de la enfermedad) de sujetos de control sanos. Asimismo, se analizó la relación entre los niveles de autofluorescencia y la morfología de los nervios corneales.

Para ello, el estudio contó con 20 pacientes con DMT2, 20 con intolerancia a la glucosa y 20 sujetos sanos de control, los cuales fueron sometidos a evaluaciones médicas y neurológicas exhaustivas, incluida la microscopía confocal corneal y la medición de la autofluorescencia del cristalino mediante el uso de un microscopio biológico confocal.

Tavakoli subraya que “hubo una diferencia significativa en el nivel de las relaciones de fluorescencia” entre los diferentes pacientes, de tal manera que “los resultados de este estudio mostraron que la fluorescencia del cristalino es significativamente mayor en pacientes con intolerancia a la glucosa y diabetes tipo 2”. Asimismo, se analizó el nivel de los productos AGE con respecto a la hemoglobina glicosilada (HbA1C) y a las alteraciones en la morfología de los nervios corneales, lo que sirvió para constatar que la relación con HbA1c “es bastante pobre, ya que no puede reflejar completamente el proceso de glicación a largo plazo”.

Como conclusión, la autora apunta que “la autofluorescencia del cristalino podría ser un potente marcador del control de la diabetes a largo plazo que predice riesgos de complicaciones futuras”. A su juicio, “esto respalda su viabilidad para detectar sujetos con diabetes tipo 2 no diagnosticada”, aunque admite que la confirmación de tal hipótesis necesitará que se lleven a cabo estudios clínicos más grandes y a largo plazo.