El empleo de hierro intravenoso en la práctica clínica se ha disparado, y su utilización es cada vez mayor por especialistas médicos y quirúrgicos ajenos a la Hematología. Sin embargo, en algunos casos no se ha controlado adecuadamente y está llegando a producir una auténtica sobrecarga, por lo que su administración se debe llevar a cabo bajo supervisión especializada.

El tratamiento con hierro intravenoso está indicado en pacientes con anemia ferropénica refractaria o intolerante, explica Ángel F. Remacha, hematólogo del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (Barcelona). En ambos casos hay una serie de patologías que hay que diagnosticar y tratar, y que normalmente están relacionadas con malabsorción, como puede ser la infección por H. Pylori, etc. Es importante, en su opinión, controlar ese tratamiento dependiendo de la causa que origina la anemia, y llevar a cabo una reevaluación de la situación clínica del paciente a las 4-8 semanas de su inicio. En el caso de anemias crónicas, considera que hay que establecer una pauta de mantenimiento que evite recaídas.

Este experto ha dirigido el manual “Manejo del déficit de hierro en distintas situaciones clínicas. Papel del hierro intravenoso”, elaborado por el Grupo Español de Eritropatología (GEE) de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) con la colaboración de Vifor Pharma.

La obra incluye algunas cuestiones no tratadas habitualmente en la literatura médica, como el abordaje de la anemia en el deportista, en la mujer embarazada o en los testigos de Jehová, en los que, por consideraciones ético-legales, se pueden derivar problemas en la práctica clínica. En el libro “se trata tanto los mecanismos fisiopatogénicos de cada una de esas patologías como su abordaje terapéutico”, explica Montserrat López Rubio, del Servicio de Hematología del Hospital Príncipe de Asturias, de Alcalá de Henares (Madrid) y co-coordinadora del manual. En el caso de los testigos de Jehová es necesario hablar con el paciente y asegurarse de que no está sometido a ningún tipo de presión por parte de su comunidad religiosa. “Todo eso deberá quedar reflejado tanto en la historia clínica como en el consentimiento informado, y se especificarán los productos hemoderivados que acepta recibir y cuáles no”. “Si no existe ese consentimiento informado previo o no estamos seguros de que el paciente tenga una suficiente autonomía, es necesario consultarlo con el Comité Ético del centro o con el juez de guardia”, señala la experta.  En menores es imprescindible acudir al juez de guardia, quien autorizará o no la transfusión.

En cuanto a los atletas, especialmente niños, mujeres menstruantes, practicantes de deporte de alta resistencia y disciplinas con alta incidencia de trastornos de la alimentación, casos en los que el déficit de hierro es frecuente, “se debe tratar con hierro oral y solo ha de considerarse la terapia intravenosa cuando falla este o se necesita una restauración inmediata”.

El libro consta de 12 temas y al final de cada capítulo incluye los principales puntos clave. Para facilitar su consulta, el manual se acompaña de una edición resumida de bolsillo en la que se recogen los aspectos más importantes. Además de la edición en papel, los profesionales sanitarios podrán acceder a la versión online a través de las webs de la compañía farmacéutica y de la SEHH.

En opinión de Carmen Insausti, secretaria general de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia, en la confección del libro se ha tenido en cuenta que en abordaje de la anemia ferropénica intervienen especialistas de diferentes áreas, “por lo que los conceptos se enfatizan de forma muy clara y las indicaciones de manera muy precisa para que les sean de utilidad a todos”. El manual será presentado este jueves en Madrid en el marco de la 37 edición del curso “Avances en Hematología”, en el que, entre otros temas, se dará a conocer el estudio multicéntrico AG-348 para el tratamiento del déficit de piruvato quinasa, que cuenta con la participación de diferentes hospitales españoles.

Un 15% de la población tiene anemia

La incidencia de la anemia ferropénica es uno de los problemas de salud más importantes a nivel mundial, no solo en países en vías de desarrollo. “Se trata de un auténtico problema de salud pública”, reconoce Ana Villegas Martínez, presidenta del Grupo Español de Eritropatología (GEE) y catedrática de Hematología de la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad, en el mundo hay más de 4.000 millones de personas con déficit de hierro, según  la  Organización  Mundial  de  la  Salud  (OMS), y poco más de la mitad padecen anemia ferropénica (un 15% de la población mundial). En España, se estima que el 20% de las mujeres en edad fértil, el 40% de las gestantes y el 15% de los adolescentes tienen anemia ferropénica. En el caso de lactantes y preescolares, la cifra se sitúa en el 10% y en el 5% en el caso de los ancianos, pudiendo llegar al 20% de los mayores de 85 años y al 50% de los hospitalizados. Un estudio realizado hace dos años en diferentes países europeos, entre ellos España, señala que 22 mujeres por cada 1000 por año padecen anemia ferropénica, y en el caso de los hombres, 4,6.