Un tercio del total de los pacientes COVID-19 que fueron hospitalizados en España durante la primera ola, en concreto el 33,8%, desarrolló Síndrome de Distrés Respiratorio Agudo (SDRA), tal como se desprende de los datos analizados en el Registro Clínico SEMI-COVID-19, y que fueron presentados en la mesa redonda “Actualización en el manejo clínico de la COVID-19 en España: ¿Qué hemos aprendido?” celebrada en el marco del 41 Congreso de la Sociedad Española de Medicina (SEMI) que, este año, se ha celebrado de manera virtual.

El Registro Clínico SEMI-COVID-19 constituye el análisis de la cohorte más grande del mundo de pacientes infectados por el SARS CoV-2 que han sido hospitalizados, y es uno de los mayores registro clínicos de nuestro país. Impulsado por la SEMI, cuenta con datos de 19.000 pacientes que han sido incluidos gracias a la colaboración de 686 investigadores de 150 hospitales españoles.

Según los resultados del primer análisis, además del SDRA en el adulto, la neumonía bacteriana fue otra de las complicaciones más frecuentes entre los pacientes COVID-19 hospitalizados, apareciendo en el 10,9% de los casos. Así lo ha destacado el doctor José Manuel Casas, del servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Infanta Cristina, en Madrid, encargado de presentar las conclusiones extraídas de este registro, hasta la fecha.

Entre la sintomatología más frecuente de estos pacientes, el especialista señala que son la fiebre en el 83,9% de los casos; la tos en el 73,1%; y la disnea en el 57,5%. “Los pacientes que presentaban la triada de síntomas fueron los que tuvieron un peor pronóstico”, dice. Además, “del total de los pacientes que llegaron a Urgencias, el 27% necesitó de apoyo de oxígeno mediante soporte ventilatorio”, añade.

Perfil del paciente tipo

Otra de las conclusiones extraídas del análisis del registro se centra en el perfil del paciente típico donde la edad es uno de los factores fundamentales. Según los datos, se concluye que la edad media del paciente COVID-19 ingresado es de 69,4 años, “si bien es cierto que la tasa de mortalidad está directamente relacionada con la edad y a partir de los 60 años dicha tasa se dobla con cada década”, explica el doctor Casas.

Además de la edad, la mayoría de los pacientes son varones (el 57,2%) con comorbilidades asociadas y grado de dependencia (en el 17% de los casos), por lo tanto, son considerados como factores de riesgo. Sobre las comorbilidades, el doctor Casas destaca que muchas de ellas se pueden considerar predictoras del mal pronóstico y/o fallecimiento del paciente. En ese sentido, los datos del registro apuntan a que el 51% de los pacientes sufría hipertensión arterial; el 40%, dislipemia; y el 21%, obesidad.

Estos primeros resultados del análisis del mencionado registro han sido publicados en la Revista Clínica Española.

Macro-unidades COVID

En mencionada mesa redonda también participó el doctor Pablo Ryan, del Servicio de Medicina Interna en el Hospital Universitario Infanta Leonor, en Madrid, que expuso la experiencia de su unidad en el marco COVID-19. El especialista indicó que, en un principio, los hospitales se organizaron en macro-unidades COVID donde inicialmente Medicina Interna era la encargada de atender a los pacientes que iban llegando “pero rápido se creo una estructura militar donde todos los especialistas estaban bajo un único mando por área: jefe de Urgencias, jefe de MIR y jefe de Críticos”, indica.

A partir de ahí, se realizaba una sesión matinal a las ocho de la mañana para hablar sobre el cuadro de mando, situación actual y los cambios terapéuticos. “Además, se creó un equipo COVID no asistencial para dar soporte al área de Urgencias, el de hospitalización y el de críticos, en permanente contacto con el laboratorio y Radiología. Y tres grupos de trabajo para el análisis de datos, de tratamiento y de trombosis”, explica el especialista. Este grupo, a juicio del doctor Ryan, fue esencial para evitar el caos y para la comunicación con los familiares de los ingresados.

Una vez que pasó la intensidad inicial, los profesionales esperaban poder reorganizarse, lo que fue casi imposible porque “la segunda ola llegó antes de lo que esperábamos y cogió a muchos profesionales de vacaciones. No obstante, en esta segunda ola el incremento de pacientes ha sido más progresivo y lineal, los pacientes vienen en mejores condiciones y hay un mejor manejo ambulatorio, despareciendo ya el mando único”, concluye.

Remdesivir

El tercer ponente de la mesa, el doctor Alex Soriano, del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Clínic de Barcelona, se centró en el tratamiento antiviral y el valor clínico de remdesivir. Tras el análisis de los estudios realizados con este fármaco, el especialista concluyó que “para ser eficaces en el tratamiento de los virus, hay que tratarlos en un periodo limitado de tiempo. En ese sentido, el uso de remdesivir durante los primeros 10 días de los síntomas aporta un beneficio clínico, siempre que aprovechemos esa oportunidad terapéutica”.

Por tanto, destacó que, a su juicio, el tratamiento con antivíricos para los pacientes COVID es adecuado ajustándose a esa ventana temporal y, en el caso de que el paciente llegue con inflamación, la combinación de un antivírico con un antiinflamatorio es la estrategia terapéutica más adecuada.