Olga Delgado, presidenta de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH)

¿Qué ha aportado la SEFH a la pandemia COVID-19 y qué podrá aportar en el futuro?

La pandemia ha puesto de manifiesto la rapidez de acción y la enorme capacidad de respuesta y de adaptación de una profesión imbricada en la asistencia sanitaria de una forma transversal como es la Farmacia Hospitalaria. Por una parte, desde el punto de vista de la disponibilidad e inmediatez de distribución de recursos, la Farmacia Hospitalaria rápidamente se puso manos a la obra para adquirir la medicación necesaria y distribuirla entre los servicios con mayores necesidades o, incluso, llegar a fabricarla o individualizar en aquellas situaciones donde fue necesario. También ha sido muy destacada la labor de acercamiento al paciente externo, más allá de las paredes del hospital. La telefarmacia se implantó de forma generalizada, con diversos formatos. Siempre con la idea fundamental de que los pacientes mantuvieran sus tratamientos, incluso en los peores momentos del confinamiento. De la necesidad se ha hecho virtud y, ahora mismo, con el trabajo desarrollado y el que queda por realizar, nuestra sociedad se está posicionando como líder mundial en la incorporación, desarrollo y expansión del modelo de atención farmacéutica dual, conjugando lo presencial con lo digital.  Ya en los últimos meses, con la llegada de las vacunas, los servicios de Farmacia se han implicado, no solo en su custodia y conservación, sino también en su optimización e individualización para su administración, reutilizando los viales para poder cubrir el máximo de dosis posibles de acuerdo a cada tipo, lo cual, indudablemente, ha repercutido en mejorar la gestión asistencial y optimización de recursos. Y todo ello, siempre con la visión crítica y la evaluación de las evidencias disponibles en todo momento. La revisión crítica de las publicaciones que iban saliendo y que, en algunos casos, eran de dudoso rigor científico ha sido en todo momento analizado y trasladado a la práctica con la aportación indispensable de los farmacéuticos de hospital que, también, han puesto su granito de arena para que, en todo momento, pudieran utilizarse los mejores tratamientos en cada situación de acuerdo a las recomendaciones y guías actualizadas.

¿Cómo se están manejando las secuelas de la COVID-19?

Se está haciendo un seguimiento médico por parte de algunas especialidades como Neumología o Medicina Interna, pero la Farmacia Hospitalaria no participa de este proceso de manera directa.

¿Cómo ha influido la pandemia en su especialidad y cómo va a marcar el futuro de la asistencia?

De todo esto queda un importante poso individual para los profesionales y, sobre todo colectivo, como profesión. Por una parte, de versatilidad, de inmediatez de acción, de coordinación asistencial y, sobre todo, de orientación al paciente y sus necesidades. Sin vanagloriarnos, ni dormirnos en los laureles, esta situación nos debe dar un nuevo impulso para seguir creciendo y posicionarnos como profesionales de referencia en el entorno de la asistencia especializada por la visión que tenemos de ser el puente que une al sistema sanitario con la máxima eficiencia y al paciente con sus resultados en salud. El entorno de la asistencia conlleva cada vez mayor necesidad de coordinación, una altísima intensidad tecnológica y una nueva jerarquía de trabajo en red, para la que la Farmacia Hospitalaria está totalmente preparada.


Manuel Vázquez Lima, presidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES) 

¿Qué ha aportado SEMES a la pandemia COVID-19 y qué podrá aportar en el futuro?

Ha aportado garantía de asistencia a la población, siguiendo nuestro principio fundamental de cobertura las 24 horas al día los 7 días de la semana, los 365 días del año. Los Servicios de Urgencias y Emergencias han mirado de frente al coronavirus, como siempre han hecho en cualquier incidente con múltiples víctimas (IMV) o catástrofe sanitaria. Un compromiso único con su deber con los ciudadanos. En el futuro, los Servicios de Urgencias Hospitalarias (SUH) y los Servicios de Emergencias Médicas (SEM) deberían ser un elemento estratégico fundamental en una Sanidad moderna por su papel único como colchón de seguridad del sistema sanitario, como garantía de equidad para el ciudadano en la asistencia de cualquier patología.  Para ello, es preciso disponer servicios de urgencias y emergencias homogéneos, estructurados, estables, con formación propia y con garantía de recambio generacional. Eso solo tiene una vía, como ocurre en todo nuestro entorno sociocultural, en Europa, llamada especialidad. España lleva 15 años de retraso, excepto en el ámbito militar, en una situación de anacronismo difícilmente justificable.

¿Cómo se están manejando las secuelas de la COVID-19?

Creo que antes de las secuelas deberíamos hablar de las “precuelas”. La formación de los profesionales de Urgencias y Emergencias en España se ha basado en el voluntarismo de toda una generación apasionada de su profesión; no se ha planificado una formación reglada. A esta ecuación hay que añadir unas plantillas mal dimensionadas con un índice de temporalidad inaceptable en muchas comunidades autónomas. Probablemente, encontremos el caldo de cultivo perfecto para el profundo malestar, la desazón y la frustración. Llega entonces el COVID-19 y hemos visto la respuesta de este colectivo, los compañeros de otras especialidades también lo han podido comprobar, ya que todo paciente que ingresa pasa por un SEM o SUH antes. Siempre hemos estado ahí. Es más, no puedo sentir más que orgullo al ver a nuestros urgenciólogos y manifestarles un infinito agradecimiento. En el currículum europeo de Medicina de Urgencias, aprobado por la Unión Europea de Médicos Especialistas en 2009, se cita: “el comportamiento de los médicos de urgencias no debe verse influenciado negativamente por trabajar en circunstancias estresantes y con pacientes diversos. Deben aprender a identificar sus necesidades educativas y a trabajar dentro de sus propias limitaciones. Deben poder automotivarse incluso en momentos de estrés o incomodidad. Deben reconocer sus propios errores, así como los del sistema”. Hemos afrontado con entereza el reto, pero debemos afrontar los errores del sistema. Es momento, por parte de las autoridades sanitarias, de garantizar el futuro de uno de los pilares del Estado del Bienestar. Intuyo serios problemas en nuestros servicios si no se encuentra una solución definitiva.

¿Cómo ha influido la pandemia en su especialidad y cómo va a marcar el futuro de la asistencia? 

Nosotros salvamos vidas, a eso nos dedicamos y lo hemos hecho estos fatídicos meses. También hemos acompañado a muchos pacientes y familias en la soledad.  Nuestro concepto del tiempo tiene dos direcciones; la respuesta inmediata ante patologías tiempo dependientes, garantía de calidad, y la seguridad en cualquier momento para el paciente. El futuro solo tiene una dirección que conocen bien nuestros compañeros y que nuestros dirigentes deberían entender: la especialidad.