A pesar de una mayor preocupación por su salud y la de su futuro recién nacido, la dieta de las mujeres gestantes presenta importantes desequilibrios nutricionales. Así, una de cada 2 embarazadas no alcanza la ingesta recomendada de ácido fólico, yodo, calcio, hierro y vitamina D, y más de la mitad no cubre las recomendaciones de ácidos grasos Omega-3, nutrientes clave para asegurar un adecuado estado nutricional de la madre y un correcto crecimiento y desarrollo del feto.

Así se desprende del informe científico “La leche como vehículo de salud en situaciones fisiológicas especiales: mujer gestante”, realizado conjuntamente por la Fundación Española de la Nutrición (FEN),  junto con la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT) y la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) en el que se abordan las necesidades nutricionales claves en esta etapa así las insuficiencias y desequilibrios en la alimentación de las españolas embarazadas.

Durante el periodo de gestación, del mismo modo que en los de preconcepción y lactancia, las necesidades de energía y nutrientes de la futura madre son mayores que las de una mujer no gestante. “Esto no significa que la embarazada deba comer por dos, como suele decirse de forma errónea, sino que sus requerimientos nutricionales son diferentes y que es especialmente importante darles respuesta para garantizar su bienestar y, sobre todo, un correcto desarrollo del feto”, explica la profesora María Jesús Cancelo, secretaria general de la SEGO.

En esta línea, el informe de las tres sociedades científicas recoge que durante el embarazo es fundamental llevar a cabo una dieta completa, variada y equilibrada, que contenga todos los grupos de alimentos, sin abusar de ninguno ni suprimirlo, excepto que sea preciso por otras condiciones de salud que así lo indicen. “No existen alimentos buenos o malos en el período de gestación o de lactancia, sino que lo fundamental es alcanzar un equilibrio dietético para asegurar la salud de la mujer y del futuro bebé”, sostiene el profesor Gregorio Varela-Moreiras,  presidente de la FEN y catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo de Madrid.

Distribuir las ingestas en cinco o seis comidas

En esta línea, los especialistas se refieren a algunas de las recomendaciones más importantes en cuanto a los hábitos dietéticos que deben seguirse durante el embarazo. Entre ellos destacan la necesidad de distribuir las ingestas en cinco o seis comidas y no saltarse ninguna de ellas (especialmente el desayuno, adecuar el volumen de las ingestas al grado de actividad física, eliminando las comidas copiosas, así como incluir diariamente una pieza de fruta con alto contenido en vitamina C (naranja, mandarina, pomelo, kiwi, fresa) y una ración de verduras crudas.

Del mismo modo aconsejan incrementar el consumo de alimentos ricos en fibra: legumbres, fruta, hortalizas y cereales integrales, consumir pescado azul, escogiendo especies de pequeño tamaño, por su alto contenido en ácidos grasos Omega-3, reducir el consumo de sal (utilizar sal yodada) y moderar el de bebidas con cafeína (menos de 200 mg/día), y del té, ya que contiene teína. Asimismo proponen incrementar el consumo diario de líquidos (entre 2 y 2,5 L), preferentemente agua volumen de y realizar la ingesta sobre todo durante las comidas y bajo ningún concepto tomar bebidas alcohólicas durante el embarazo.

A pesar de ello, las investigaciones publicadas reflejan que los desequilibrios en la alimentación son frecuentes. Así, más del 45 por ciento de las futuras madres no alcanza la ingesta recomendada de frutas y verduras, siete de cada diez no llegan al consumo aconsejado de cereales y legumbres y se observa un claro predominio de la carne en su dieta, de forma que solo un 51 por ciento de las embarazadas afirman que consumen pescado. En cuanto a la leche y los productos lácteos, si bien se toman a diario, solo el 50 por ciento de las embarazadas cumple con la recomendación de ingerir tres raciones al día.

Para asegurar la ingesta de nutrientes durante el embarazo, tradicionalmente se recurre a la suplementación nutricional. Pero, tal y como subrayan desde la FEN, FINUT y la SEGO, la fortificación de alimentos puede ser otra forma complementaria, más natural, de incorporar dichos nutrientes en la dieta de la embarazada.

La leche mejora el estado nutricional de la madre y el bebé

El profesor Ángel Gil, presidente de FINUT, se refiere a los resultados del estudio científico a la hora de señalar que “la leche y los lácteos tienen un papel muy relevante en la dieta de las embarazadas, ya que aportan proteína de alta calidad nutricional, calcio, vitamina D y vitaminas del grupo B, entre otros nutrientes. Su consumo no sólo mejora el estado nutricional de la mujer gestante, sino que también tiene efectos beneficiosos sobre el crecimiento fetal y el peso al nacer y sobre algunos marcadores de salud, tanto en las madres como en sus hijos”.

Para los expertos, el uso de suplementos nutricionales es la manera tradicional de tratar de asegurar la ingesta apropiada de algunos micronutrientes cuyos requerimientos son elevados en la mujer gestante. Esta revisión de la evidencia científica disponible acerca de la alimentación y la nutrición en las mujeres gestantes, además, pone de manifiesto que la leche puede ser un vehículo óptimo y más natural para desarrollar alimentos fortificados que ayuden a asegurar la ingesta de estos nutrientes claves, que tienen efectos beneficiosos sobre el crecimiento fetal y sobre la salud de la madre y del futuro bebé.

“La leche, por sus características físico-químicas y por su facilidad y frecuencia de consumo, es un vehículo ideal para el enriquecimiento y la fortificación de la dieta con determinados nutrientes, como el calcio, la vitamina D o los ácidos grasos Omega-3”, sostiene el presidente de FINUT.

Información contra los falsos mitos

En informe se ha llevado a cabo una profunda revisión sobre el papel de los lácteos durante el embarazo, llegando a la conclusión de que el consumo de lácteos convencionales mejora el estado nutricional de la mujer gestante y tiene también efectos beneficiosos sobre el crecimiento fetal y sobre algunos marcadores de salud, tanto en las madres como en sus hijos. Además, los estudios con lácteos fortificados y enriquecidos muestran beneficios en la salud ósea de la madre y de su hijo, y parece que podrían tener también un impacto positivo en el desarrollo visual y cognitivo del niño.

Los autores del informe hacen especial hincapié a la hora de señalar que es fundamental que la mujer embarazada esté bien informada sobre la dieta que más se adecúe a su estado ya que, además, dicha información le ayudará a desterrar muchos falsos mitos que existen sobre la alimentación durante el embarazo. “En esta etapa las necesidades nutricionales y energéticas son mayores, por lo que el seguimiento de una dieta variada y equilibrada, junto con unos hábitos de vida saludables es, si cabe, más importante que en otras etapas de la vida”, recalcan.

La presidenta de la SEGO, María Jesús Cancelo añade, tal y como se recoge en el informe, que “los suplementos nutricionales y los alimentos fortificados o enriquecidos, siempre bajo la supervisión de un profesional sanitario, pueden ser de utilidad para alcanzar las ingestas aumentadas de determinados nutrientes fundamentales para el desarrollo presente y futuro del niño, así como para el mantenimiento de la salud de la madre”.