Las enfermedades más comunes de la garganta comprenden las infecciones de origen vírico, como la laringitis o la faringitis. Estos cuadros suelen enmarcarse en el término catarro común, que también abarca la rinosinusitis vírica. Además, son habituales las infecciones bacterianas como las faringoamigdalitis. Pedro Cabrera, especialista de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), explica que existen una serie de cuidados que contribuyen a reducir los factores de riesgo que causan o agravan algunas de las patologías más habituales de la garganta.

Una de las principales medidas de prevención de la infecciones de garganta es el seguimiento de una dieta sana y equilibrada. El aporte de nutrientes ricos en vitaminas y minerales ayuda al sistema inmunológico a estar fortalecido frente al ataque de virus y bacterias causantes de infecciones de garganta.

En este sentido, diversos estudios han apuntado a que el consumo de vitamina E por encima de los niveles recomendados puede mejorar la función de las células T del sistema inmunitario. Asimismo, la vitamina A es fundamental para el mantenimiento de la integridad y la función del epitelio y la regulación de las células epiteliales de las vías respiratorias.

Otra medida preventiva fundamental se basa en evitar los hábitos tóxicos, como fumar y consumir bebidas alcohólicas. El tabaco es un agente irritante de la faringe y la laringe y, por tanto, debilita sus mucosas y las deja más desprotegidas frente a la acción de agentes infecciosos.

Igualmente, el alcohol actúa como irritante de las mucosas de la garganta y las convierte en más vulnerables al ataque de virus y bacterias.

Los especialistas en Otorrinolaringología recomiendan, entre otras medidas, evitar la automedicación y acudir a la consulta de un profesional sanitario para valorar la necesidad de comenzar un tratamiento en función del origen de la infección.

Otros consejos de la SEORL-CCC son:

    • Hidratación: mantener la garganta bien hidratada facilita la eliminación de gérmenes, además de servir de protección de la mucosa.
    • Higiene: para evitar el contagio es aconsejable taparse la boca con un pañuelo desechable al estornudar o toser, lavarse las manos con frecuencia y no compartir ciertos objetos, como los vasos o los cubiertos.
    • Descanso: cuando la garganta y las cuerdas vocales están en reposo y no se fuerza la voz, están protegidas ante procesos infecciosos.
    • Evitar el estrés: el cansancio o agotamiento mental puede debilitar la garganta y hacerla vulnerable frente a las infecciones.

La Sociedad Española de Otorrinolaringología indica que, una vez pasado el periodo habitual de un proceso infeccioso, que son unas dos semanas, es necesario consultar con un especialista si se mantienen síntomas como el dolor, la dificultad para respirar, tragar o hablar, o si se produce un crecimiento de los ganglios linfáticos del cuello. Asimismo, otro signo para derivar a un paciente al especialista es la existencia de una disfonía que dure más de dos semanas para que pueda determinar el origen del problema mediante distintas exploraciones de la laringe, más allá de los cuadros infecciosos mencionados.