Los especialistas Guillermo Quindós, catedrático de Microbiología de la Facultad de Medicina de Universidad del País Vasco, y Gabriel Reina, especialistas en Microbiología de la Clínica Universitaria de Navarra, repasan para EL MÉDICO INTERACTIVO la situación actual de la pandemia generada por el coronavirus, la búsqueda de la ansiada vacuna para combatir al COVID-19, los tratamientos más eficaces, también las posibles mutaciones del virus que, al parecer, ha llegado para quedarse, así como la preparación de los investigadores para enfrentarse a una casi segura segunda oleada del coronarivurs una vez superado el pico pandémico.

Se muestran moderadamente optimistas, porque los resultados positivos que las draconianas medidas de confinamiento frente al COVID-19 adoptadas hasta ahora están dando resultados positivos. Así mismo, están esperanzados por el ritmo que lleva la elaboración de las vacunas candidatas frente al coronavirus, alguna de las cuales podría estar disponible en tiempo récord de 12 a 18 meses. Ya hay dos ensayos clínicos en fase I, uno en China y otro en EE.UU, que se plantean para año y medio, “que con un poco de suerte podría reducirse a 12 meses”.

“De alguna forma, todo lo que sirva para controlar bien la epidemia, que tengamos menos infectados y menos saturación en los hospitales será positivo y daremos más tiempo a que se estudien y desarrollen más medicamentos, más vacunas para la segunda vez que aparezca. No podemos anticiparnos, pero la experiencia nos dice que es mucho más probable que vuelva una segunda oleada de COVID-19 a que no venga”, explica Quindós.

Marcadores genéticos

El investigador destaca que se está estudiando el papel que juega en este proceso de infección por coronavirus la interleuquina-6, lo que se llama la tormenta de citoquinas que provoca una reacción inflamatoria exagerada, que aparece asociada a personas con manifestaciones graves, aunque no sean tan mayores. “También se están acelerando los estudios para ver si existe realmente un componente génico que pueda explicar los casos de personas que sufren cuadros más graves que otras en iguales condiciones; si existe algún marcador o variante genética que pueda tener que ver con eso. Así, podríamos saber por qué hay un porcentaje de personas que lo pasan tan mal, o incluso mueren, en comparación con otras que solo presentan síntomas leves o son asintomáticas. Si tuviéramos un marcador genético podríamos proteger más específicamente a cada persona”, recalca.

“La segunda fase de la pandemia la tendremos cuando se haya extinguido prácticamente el número de personas contagiadas ahora. Entonces será cuando se empiecen a adoptar medidas de desescalada y probablemente el fin confinamiento se llevará a cabo de forma gradual”, coinciden en señalar a EL MÉDICO, Guillermo Quindós y Gabriel Reina. “Podremos entrar en esa fase dentro de varias semanas; nos lo dirán los números, que se basarán en la alta capacidad diagnóstica de hacer pruebas de PCR para saber si hay personas infectadas y detectarlas precozmente, y así poder aislarlas cuanto antes y controlar la situación sin que el número de casos se incremente de una forma tan importante como en las últimas semanas”.

Gabriel Reina cree que será necesario alargar el periodo de confinamiento, tal y como ya lo insinuó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en su última comparecencia parlamentaria. “En función de las personas infectadas se tendrá que valorar el aislamiento social, cómo y dónde se podrá reiniciar la actividad productiva, qué sectores, qué personas. Pero siempre y cuando desciendan de forma importante los contagios. La base para continuar con nuestra vida normalizada será un sistema de vigilancia muy robusto. Mientras el virus continúe como hasta ahora, sin una inmunidad personal ni comunitaria frente a él y sin vacuna, no podemos bajar la guardia”, sostiene.

Las distintas medidas a adoptar dependerán de los estudios epidemiológicos que se lleven a cabo sobre la situación real del país. “Por ejemplo, el Gobierno vasco hará un estudio serológico de anticuerpos a un gran número de personas –alrededor de 70.000, que alcanzarán a 30.000 familias–. Con los resultados de ese estudio se podrá saber si además de las que hayan pasado la infección declarada, hay más personas con anticuerpos frente al coronavirus”, explica Quindós.

El 90% susceptible de contagio

Se calcula que un 10-15% de la población española podría haber sufrido la infección del COVID-19 hasta hoy, lo que sitúa la cifra entre cinco y seis millones de ciudadanos. Además, se estima que el 90% de las personas son susceptibles a sufrir la infección. Por ello, el virus podría seguir circulando y “provocar una segunda, tercera y sucesivas epidemias pandémicas”, indica el especialista de la Clínica de Navarra.

En opinión del catedrático Quindós, los indicadores muestran que la epidemia en su brote actual va a ritmo de bajada definitiva, “ya que ―excepto en un par de comunidades― por un enfermo ya ni siquiera se infecta otro; es un punto que se tendrá en cuenta al rebajar el confinamiento, como ocurre en Italia. Pero vista la alta capacidad de transmisión de este virus, la forma de socializar, de salir a la calle, al cine… tal vez lo tengamos de hacer de forma muy gradual. Las cosas no serán exactamente como antes, no pueden serlo”, subraya.

Por razón de su alta capacidad de para infectar, ambos especialistas consideran que mientras no dispongamos, viviremos un tiempo de vigilancia continuada, donde no se podrán desterrar aquellas intervenciones que están funcionando bien, como el distanciamiento social e impedir aglomeraciones, uso de mascarillas y guantes, el cierre de colegios, aislamientos de residencias de mayores, cuarentenas obligatorias… “Según un cálculo matemático realizado en la Universidad de Washington, para junio debiéramos de tener controlada la onda epidémica actual, cuando ya no habría nuevas infecciones. A partir de entonces la situación podría empezar a normalizarse, pero basándonos en un sistema de vigilancia robusto”, incide Gabriel Reina.

Muestran su satisfacción por el alto número de estudios clínicos multinacionales en cooperación, en los que participan tanto hospitales españoles como europeos, donde se valoran los distintos tipos de tratamientos, no solo antivirales como remdesivir, sino otros que se usan frente al ébola, el paludismo, la malaria, que combinan por ejemplo hidroxicloroquina con antibióticos como azitromicina. Incluso se están evaluando fármacos que se utilizan contra la gota o el uso de suero de personas ya recuperadas de la infección, porque tienen anticuerpos específicos que pueden bloquear a este coronavirus. “Tratamientos que en personas graves o cuadros moderados pueden servir para facilitar su recuperación; aunque por ahora los resultados que obtenemos, por ejemplo con los antirretrovirales, no están siendo tan buenos como pensamos al principio y tendremos que esperar dos o tres meses para analizarlo mejor”, explica Quindós.

Llegado para quedarse

Consideran los dos especialistas que el virus ha llegado para quedarse, porque con la capacidad que está demostrando de transmisión será un patógeno que permanezca de forma constante en el ambiente y podamos ir sufriendo sucesivas ondas de actividad, aunque posiblemente su capacidad de mutación sea inferior al de la gripe. “Por eso esperamos que su incidencia sea menor conforme la población vaya teniendo defensas estables frente al coronavirus, bien de forma natural bien porque se haya infectado y superado el proceso con síntomas o asintomático, o porque se vacune. Entonces la epidemia estará controlada”, añade Reino. “Lo que ocurre es que del COVID-19 no tenemos muchos datos; no sabemos con seguridad si desaparecerá como el SARS o si volverá en otoño. Y si lo hace, de los no infectados a cuántos afectará”, subraya Quindós

Todos los ARN-virus como este tienen mutaciones constantemente, lo que ocurre es que no suelen ser preocupantes. Sin embargo, la crisis actual “igual nos tiene que hacer pensar en cómo evolucionará, aunque yo espero que en este coronavirus habrá también homogeneidad”, apunta el catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad el País Vasco.

Mirando al horizonte del otoño

Los especialistas ya están mirando al horizonte del otoño por si pudiera haber un repunte de casos y que el COVID-19 empezara a circular de nuevo con fuerza. “Por eso es tan importante la detección precoz de los casos. Sería fundamental para controlar una situación de este tipo. Desde el punto de vista asistencial, lo que estamos aprendiendo es que la onda pandémica seguramente propiciará que se implanten medidas precoces de confinamiento de modo que se evite un colapso del sistema sanitario”.

Aunque hay sido colateral y casi anecdótico, la hipersensibilidad que genera una situación sanitaria como la actual, hace que la anécdota rápidamente tome cuerpo de categoría, como ha sucedido en casos muy reducidos con el paso del virus de humanos a animales domésticos o en contacto con humanos. Ninguno de estos dos expertos microbiólogos considera que en estos momentos sea algo relevante, porque con los centenares de miles de personas que han pasado de forma leve o grave el COVID-19 solo se han descritos unos pocos casos en animales de compañía y casos aislados en un zoo. “No parece que sea muy alto el número que se pueda infectar. Además, si la familia está aislada, el animal de compañía tendrá que seguir las mismas pautas. Esto no quita que también se tendrían que tomar otras medidas, porque podrían servir de reservorios que colaboren con la expansión del virus”, apuntan los especialistas.