Los especialistas insisten en que es necesario avanzar en la pregunta activa a los pacientes sobre su sexualidad en la enfermedad cardiovascular, ya que la información del especialista puede solucionar muchos problemas como conocer los tratamientos disponibles para la disfunción eréctil. Sin embargo, tratar los efectos adversos de los tratamientos cardiológicos en la sexualidad femenina sigue siendo una de las áreas de mejora.

La salud del corazón depende en gran parte de hábitos saludables en cuanto a alimentación, ejercicio, etc. Pero, ¿una vida sexual activa y satisfactoria puede también ayudar a tener una mejor salud cardiovascular?

La salud se entiende como un bienestar del conjunto de la persona y la sexualidad es una parte inherente del ser humano. Así que obviamente la respuesta es afirmativa. Hay que tener en cuenta que esta esfera sexual tiene varias áreas: la orgánica propiamente dicha, la psicológica y la afectiva. Una vida sexual activa, no solo desde el punto de vista orgánico, sino también desde el punto de vista afectivo y sensorial, produce una disminución del estrés, el sentimiento de aceptación por la pareja y autoafirmación. Si disminuye el estrés, este factor ayuda en la disminución del riesgo en enfermedades cardiovasculares del tipo hipertensión, ictus e infarto de miocardio. Por ello, una vida sexual activa en un sentido amplio (no solo la realización del coito, sino las caricias, la intimidad) mejora el perfil cardiovascular.

Haciendo otra lectura, ¿puede una dificultad sexual ser una señal de alerta de una patología cardiovascular? ¿En qué casos habría que consultar?

En los varones, la aparición de la disfunción eréctil, sobre todo, a partir de los 45 años y en aquellos que coexisten otros factores de riesgo cardiovascular como la HTA, hipercolesterolemia, tabaquismo, obesidad o diabetes puede ser un síntoma centinela. En concreto, de que haya una posible enfermedad vascular tipo aterosclerosis cerebral o coronaria. Esto es así porque las arterias del pene son muy similares a las arterias coronarias. Son las llamadas arterias helicinas. Estas son las que vascularizan el cuerpo cavernoso o porción central del pene, que es la zona que se hincha y produce la erección. Estos vasos son de un calibre incluso inferior a las coronarias, cuando se estrechan unas, se estrechan las otras, por acúmulo de colesterol en sus paredes. Si aparece la disfunción eréctil por incapacidad de erección y están estrechas las arterias helicinas, significa que también están afectadas otras arterias como las coronarias. Así pues, si existe una disfunción eréctil en varones mayores de 45 años, para completar su estudio hay que hacer una valoración médica para detectar enfermedad vascular en muchas ocasiones. Lo habitual, es realizarla por medio de una ergometría o test de esfuerzo cardiovascular.

Cuando se habla de salud sexual y corazón casi siempre nos centramos en si la actividad sexual es recomendable y cuando tras un evento, como un infarto, ¿qué habría que aclarar al respecto?

Tras un infarto, la mayoría de los pacientes pueden reanudar la actividad sexual que le apetezca, en un plazo que va desde una semana a un mes y medio. Generalmente, depende de la gravedad del infarto, los tratamientos que se hayan hecho del tipo de angioplastia con stent o bypass aorto coronario. En el caso menos complicado, como la implantación de un stent, las guías nos dicen que en una o dos semanas puede reanudarse. En los casos más complicados de cirugía coronaria, en los que se haya abierto el esternón, hay que esperar más hasta que este cicatrice. Esto es habitualmente en torno a un mes y medio. En cualquier caso, hay que consultar con el cardiólogo o médico de familia para particularizarlo.

Más allá de querer reactivar la vida sexual, otra cuestión es si la patología cardiovascular puede limitarla, ¿cómo puede afectar?

Como hemos comentado, la enfermedad cardiovascular y la disfunción eréctil van asociadas por la similitud de las arterias helicinas y coronarias. Así pues, aparecen juntas y en sí se limitan. Por otro lado, las enfermedades asociadas que suelen concurrir en estos pacientes, como la diabetes, por variados mecanismos producen disfunción eréctil. Puede haber una completa incapacidad de erección. Esta capacidad de valora por el test de SHIM que es autoadministrado.

Asimismo, más allá de la propia patología, a veces lo que impacta en la vida sexual son los tratamientos. ¿Se intenta buscar un tratamiento que influya lo menos posible? ¿Depende de la patología, del tipo de paciente…?

Hay cierta polémica sobre los efectos secundarios de algunos medicamentos en la función sexual. En realidad, en la mayoría de los casos se puede tratar sin retirar los medicamentos más imprescindibles. En rehabilitación se hace un seguimiento muy estrecho del paciente y es más fácil seguir todos los aspectos de la vida del paciente. De hecho, es frecuente que este tema salga en consulta. Lo que hacemos los especialistas en rehabilitación cardiaca es insistir en la importancia de continuar el tratamiento, pero buscando herramientas para la disfunción sexual. Esto generalmente se traduce en poner un tratamiento para la disfunción eréctil. Ya hay menos miedo a este tipo de tratamientos. Hoy en día está comprobado que el sildenafilo y fármacos similares pueden tomarse conjuntamente con el tratamiento cardiológico, siempre que se explique bien su aplicación al paciente. Al principio es cierto que había mucho miedo con este tema, pero ya contamos con mucha evidencia al respecto a los tratamientos de disfunción eréctil. No solo no afectan al corazón, sino que podríamos decir que, a veces, el impacto emocional que tiene un paciente que sufre este tipo de disfunción sexual si no se trata es peor para la evolución del paciente. Por lo tanto, resultan positivos. Lo que no ha habido en estos años son novedades en cuanto a tratamientos cardiovasculares que eviten este tipo de efectos secundarios. No ha habido nada nuevo en los últimos 15 años a este respecto, así que sigue siendo un área de mejora.

A este respecto suele hablarse, sobre todo, de dificultades como la disfunción eréctil, etc., pero, ¿son tan conocidas las dificultades sexuales femeninas, como, por ejemplo, la anorgasmia?

Sí se conocen, pero desde más reciente fecha. En estos casos interviene mucho la aparición de la menopausia y las dificultades en la lubricación de la vagina. Esta es realmente una de las grandes áreas de mejora. Actualmente no contamos con tratamientos ni apenas soluciones a este respecto y debemos tener en cuenta que el infarto es más frecuente en mujeres. Las dificultades más comunes son la dispareunia, es decir, el dolor durante la penetración vaginal, generalmente asociado a esta falta de lubricación. Y, por ende, la falta de deseo. Habitualmente el problema es que los tratamientos, sobre todo, los diuréticos que utilizamos en el caso de la hipertensión, producen deshidratación, por lo que la mucosa vaginal se ve afectada en este sentido. Precisamente para la cuestión de la sequedad vaginal sí que han salido al mercado algunos tratamientos, pero no son tan eficaces como desearíamos. La disfunción femenina además está muy ligada al miedo tras el infarto, que deriva en una falta de deseo, que hoy en día es dónde se está intentando investigar más, porque es una cuestión más relacionada a nivel central del sistema nervioso. Pero por el momento sigue siendo necesario realizarmás investigación al respecto. Aunque sin duda, en estos casos, el fármaco más efectivo en la consulta del médico es la palabra y poder abordar este tipo de temas con el paciente para buscar las herramientas posibles.

En estos casos, ¿es importante abordar la cuestión con la pareja en consulta y no solo con el paciente?

Yo diría que es imprescindible. De hecho, en las reuniones de rehabilitación cardiaca se cita a la pareja, porque es un tema a abordar no solo con el paciente, sino con ambos. Hay veces que la pareja tiene más miedo a retomar la vida sexual que el propio paciente, por si se produjera un nuevo evento durante el acto sexual. Además, también es importante hablar de que la esfera de pareja no solo tiene la parte física, sino que también hay una parte emocional que atender.

En los casos en los que el paciente necesita pautas sobre cómo adaptar su sexualidad, ¿cómo se aborda el tema en consulta?

La mayoría de los problemas son solucionables por el equipo de Cardiología. Hoy en día hay más sensibilidad sobre esta cuestión, tenemos incluso el Grupo de Disfunción Eréctil en la SEC, que ahora que ha pasado a ser el Grupo de Disfunción Sexual. A través del mismo, realizamos charlas, conferencias, etc., destinadas al resto de compañeros, porque cada vez hay más interés sobre este tema. En este ámbito sí hemos avanzado mucho en los últimos años. Lo cierto es que este tema siempre acaba por surgir. Es muy habitual que al final de la consulta, cuando estás dándole el informe al paciente, sea el momento en el que el paciente o su pareja pregunten por las dudas relacionadas con su sexualidad. Pero lo que tratamos de hacer ahora y lo que intentamos transmitir desde el Grupo de Disfunción Sexual de la SEC es que hay que realizar una pregunta activa. No esperar a que sea una iniciativa del paciente, sino que sea el profesional quién aborde, con sensibilidad, el tema. No obstante, tratar el tema en consulta arroja resultados muy positivos. Por ejemplo, en rehabilitación cardiaca realizamos un cuestionario antes y después de realizar la rehabilitación y preguntamos si existe algún tipo de disfunción sexual. En el caso de los hombres, en torno al 60 por ciento contesta que sí hay algún problema, aunque tras la rehabilitación este porcentaje disminuye al 15 o al 20 por ciento, sobre todo, gracias al tratamiento farmacológico, pero también gracias a la información que ofrecemos. En el caso de las mujeres el porcentaje inicial suele ser mayor, en torno al 80 por ciento, y del 60 por ciento tras la rehabilitación, ya que contamos con menos tratamientos posibles, como ya hemos comentado. Sin embargo, es importante tener en cuenta que cada pareja es diferente y que cada persona establecerá también diferentes formas de relacionarse.

 Hablando de tratamientos, a raíz de los posibles trombos relacionados con la vacuna del coronavirus se ha vuelto a poner de actualidad los posibles efectos cardiovasculares de los anticonceptivos. ¿Qué es importante saber a este respecto?

El riesgo actual con anticonceptivos más modernos, vigilados clínicamente, es muy pequeño. Básicamente porque hemos conseguido el mismo nivel de anticoncepción con dosis de hormonas mucho menores. Era precisamente el nivel de hormonas lo que producía este mayor riesgo de trombosis, por lo que la realidad ha variado mucho. Ahora tenemos muchos menos eventos, incluso teniendo en cuenta que hay más mujeres fumadoras que las que había con los anticonceptivos de entonces.