El consumo de bebidas alcohólicas ocasionó un promedio de 85.000 muertes anualmente entre 2013 y 2015 en América del Norte y del Sur, siendo en ambas la ingesta per cápita un 25 por ciento mayor a la del promedio mundial, según un estudio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) publicado en la revista ‘Addiction’.

El consumo de alcohol, ha añadido, está asociado con muertes que se pueden prevenir y con muchos años de vida con discapacidad, por lo que necesitamos medidas de salud pública, políticas y programas eficaces, viables y sostenibles para reducir la ingesta de bebidas alcohólicas.

En su mayoría, las muertes (64,9%) correspondieron a personas menores de 60 años y se debieron principalmente a hepatopatías (63,9%) y a trastornos neuropsiquiátricos (27,4%), como la dependencia del alcohol.

Más ricos, más consumo; más pobres, más muertes

Los resultados de este estudio también indican que los países de ingresos altos tienen un mayor consumo per cápita de bebidas alcohólicas, mientras que los países de bajo y mediano ingreso tienen una mayor tasa de mortalidad atribuible al alcohol para el mismo nivel de consumo de esas bebidas.

Las mayores tasas de mortalidad probablemente se deban al acceso relativamente menor a servicios médicos, a limitaciones en cuanto al transporte en situaciones de urgencia, a la escasez de información sobre salud, a la falta de una buena nutrición y a otros factores que podrían hacer que el consumo de esas bebidas sea más perjudicial.

Mayor consumo durante la pandemia

Asimismo, durante la pandemia de COVID-19, las bebidas alcohólicas se han promovido por las redes sociales y su disponibilidad ha aumentado en muchos países debido a la mayor facilidad de acceso a las compras ‘online’ y las entregas a domicilio.

Hay evidencias que indican que las personas con mayor probabilidad de aumentar su consumo de bebidas alcohólicas como resultado de estos factores ya consumían alcohol en exceso antes de la pandemia.