José Antonio Marcos, de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH)

¿Cómo valora la situación en los hospitales españoles desde la perspectiva de la Farmacia Hospitalaria?

Los Servicios de Farmacia se han adaptado de manera rápida y eficaz a una situación crítica como la que estamos viviendo. Esta pandemia ha puesto a prueba nuestro Sistema Nacional de Salud y a nuestros profesionales. Los farmacéuticos de hospital, con su dedicación, profesionalidad y esfuerzo, están contribuyendo como un eslabón más, pero imprescindible, a luchar contra este virus.

¿Cuáles son las principales necesidades en los servicios de Farmacia Hospitalaria?

Necesitamos ciertos medicamentos y productos sanitarios, material de protección para el personal y, por supuesto, recursos humanos. La infección del personal del Servicio de Farmacia está causando verdaderos problemas en algunos hospitales.

¿Cuáles son los fármacos que más se están demando?

Los tratamientos mas empleados para tratar esta pandemia son: remdesivir, lopinavir/ritonavir, cloroquina e hidroxicloroquina, tocilizumab, sarilumab, interferón beta-1B e interferón alfa-2B. Todos ellos tienen controlada su distribución por parte de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) para poder asegurar su suministro para las indicaciones en las que están autorizadas y desde la Farmacia Hospitalaria gestionamos que estos medicamentos lleguen a los pacientes que cumplen criterios. Además, los problemas de desabastecimiento han llegado a otros grupos de medicamentos utilizados en las Unidades de Cuidados Intensivos, como son el cisatracurio (bloqueante muscular) o midazolam.

¿Cómo valora la posibilidad de que determinados fármacos de dispensación hospitalaria puedan ser entregados en la farmacia comunitaria?

Desde el primer momento, la Farmacia Hospitalaria se adaptó a la situación de alerta sanitaria promoviendo soluciones para los pacientes que tenían que recoger su medicación en el hospital. Se ha desarrollado la telefarmacia prácticamente en la totalidad de los hospitales nacionales, entendida esta actividad como el envío de la medicación al domicilio del paciente con seguimiento telemático farmacoterapéutico y una atención farmacéutica personalizada. De este modo, cubrimos las necesidades del paciente y evitamos los traslados y la exposición que pudiera tener.

¿Qué aportaciones hace la Farmacia Hospitalaria en esta crisis sanitaria?

Las funciones que se están realizando desde la farmacia de hospital son la telefarmacia, la elaboración de fórmulas magistrales, como las soluciones hidroalcohólicas, la optimización de la medicación en dosis unitarias, la gestión de medicamentos para hospitales de campaña y camas hoteleras, la gestión de medicamentos y productos sanitarios para el tratamiento de la COVID-19 y una búsqueda de alternativas ante los problemas de desabastecimiento, la elaboración de protocolos en colaboración con otras especialidades médicas. Además, desde la Farmacia de Hospital se están elaborando y desarrollando numerosos estudios de investigación.

Juan Jorge González Armengol, presidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES)

¿Qué han aportado los expertos en Emergencias a la crisis de la COVID-19?

Desde finales de febrero avisamos en nuestros respectivos ámbitos de que empezamos a ver un número cada vez mayor de pacientes afectados, pero no podíamos hacer test porque no había, esa es la realidad. Vivimos la eclosión en algunas comunidades, especialmente Madrid, el fin de semana famoso del 8 de marzo, en el que se empezaron a colapsar los servicios de urgencias de varios hospitales. Nuestra mentalidad y nuestra forma de trabajar se basan en la inmediatez, entra dentro de nuestra formación y de nuestra especialidad. Este tipo de catástrofe sanitaria, con un agente biológico muy agresivo y rápido, es necesario afrontarlo con esta mentalidad para no paralizarte. Creo que servimos de revulsivo al resto del sistema, que también ha reaccionado de forma espectacular, a pesar de no estar preparado para atender una situación de este estilo.

¿Qué ha aportado SEMES como Sociedad a la crisis sanitaria?

Nuestros socios han estado en primera línea y han tratado la gran afluencia de pacientes que hemos tenido en emergencias, sobre todo durante las primeras semanas. Además, también hemos tenido que atender a pacientes con otro tipo de patologías y que, sobre todo a finales de abril, han tenido un peor desencadenante de su enfermedad también como consecuencia de un seguimiento menos regular. Hemos sabido afrontar la situación desde la primera línea. Lo peor es que hemos tenido la desgracia de perder vidas de compañeros. Siempre nos quedará ese poso amargo de esta catástrofe, nunca olvidaremos ni a las personas fallecidas ni a sus familias. Estos fallecimientos, además, se han debido a motivos que, muy probablemente, deberían de haber sido prevenibles. Esto nos duele mucho, lo lamentamos profundamente.

¿Qué ha aprendido de la crisis sanitaria?

El mundo científico había avisado de la posibilidad de pandemia debido a un vector que está en nuestras vidas, la globalización. Ha habido varias epidemias de la misma familia, como el síndrome respiratorio agudo grave (SARS) y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) a principios de los años 2000, pero no llegaron a convertirse en pandemia. La Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de Naciones Unidas (ONU) y otras instituciones internacionales tienen muchos deberes pendientes para que en el futuro no vuelva a ocurrir. En cuanto a España, se ha producido una demostración del fracaso absoluto de la red de seguimiento epidemiológico, por lo menos con respecto a esta pandemia. Las consecuencias han sido nefastas, y se tendrán que tomar medidas. El Ministerio debería consultar con todo tipo de expertos, y no únicamente con epidemiólogos. No es solo un toque de atención, sino que exigimos formar parte de los grupos de trabajo para que no haya una perspectiva única de la Medicina por parte de las autoridades sanitarias. Ha sido un error como se ha demostrado, y si vuelven a hacerlo volverán a equivocarse.

¿Cuál ha sido el peor momento de la pandemia para los servicios de Urgencias y Emergencias?

Lo peor de todo ha sido conocer los compañeros que han ingresado en las UCI, se han contagiado o se han ido de baja, así como los fallecidos. Desde el punto de vista del conjunto, el peor momento ha sido cuando registramos un número increíble de pacientes que vino en muy poco tiempo en determinadas zonas como la Comunidad de Madrid, Cataluña y algún hospital del País Vasco. También ocurrió en su momento en La Rioja y en Castilla-La Mancha, donde ingresaron una gran cantidad de pacientes en muy poco tiempo.

¿Cuál fue la reacción de los profesionales?

Tuvimos que reaccionar con cambios metodológicos y de procedimientos continuos, diría que casi prácticamente a diario, con una conexión y coordinación absoluta por parte de todos. Los hospitales se convirtieron en centros COVID-19, encabezados en general por comités de emergencias divididos en tres partes: Urgencias, Críticos y Hospitalización, liderada sobre todo por Medicina Interna, si bien en algunos sitios los neumólogos han tenido un papel muy relevante. En general, la mayoría de los profesionales hemos salido de nuestra zona de confort para dedicarnos a seguir los procedimientos, muy claros y estrictos, en cada una de las zonas. Con nosotros han estado cirujanos, traumatólogos, neurólogos, cardiólogos, etc., y hemos trabajado todos con una armonía absoluta en unas situaciones muy complicadas. El miedo nos ha unido mucho.

¿Cómo valora la reacción del sistema sanitario español ante la pandemia?

Desde el punto de vista epidemiológico, España y otros países occidentales no estaban preparados para asumir una situación como esta. Por supuesto, España tiene un sistema sanitario muy potente en comparación con lo que va a ocurrir ahora en países africanos, por ejemplo. Por tanto, hemos tenido la capacidad de adaptarnos en tiempo récord a una necesidad absoluta de atención con unos requerimientos determinados en pocos días. Esto se ha logrado gracias a la potencia del sistema sanitario y a la ayuda de la sociedad. Creo que se ha producido una adaptación bastante rápida del mundo asistencial y, además, partiendo de estructuras como los ayuntamientos, los gobiernos regionales o el Ejército. La creación del hospital de IFEMA en pocos días desahogó a la mayoría de los servicios de urgencias de los hospitales madrileños. También se consiguió poner en marcha hospitales de campaña, así como triplicar o cuadriplicar las camas de UVI en Madrid o en Cataluña. Para alcanzar estos logros ha sido necesaria la implicación de todo el sistema, desde los profesionales hasta la propia sociedad, porque hemos recibido ayudas de grandes y pequeñas empresas, de bancos, de particulares. Ha sido absolutamente increíble.

¿Qué cambios pediría a las autoridades sanitarias?

Al igual que ahora en todos los comités de asesoramiento para la desescalada participa todo tipo de profesionales, porque es necesario para la sociedad, nosotros también creemos que todos los colectivos deberíamos poder participar en los comités. Quienes vivimos directamente estas situaciones deberíamos poder participar y opinar. Tenemos derecho a decirlo, y lo vamos a exigir. Nos hemos ganado ese derecho hace tiempo y, además, será bueno para el sistema, al igual que deberían incluir a Anestesiología, Medicina Interna y Neumología, entre otras especialidades

NOTA DE REDACCIÓN:

La entrevista que ahora publicamos fue concedida a EL MÉDICO para un especial de COVID-19 de su edición impresa mensual. Este número corresponde a la publicación de mayo, y el contenido se cerró para su impresión el 4 de mayo de 2020.