El rápido desarrollo de la vacuna frente a la COVID-19 no ha sido casual ni ha salido de la nada. “Estábamos preparados para hacerlo con tanta premura gracias al desarrollo existente de la biotecnología, las ciencias computacionales, la genómica y la proteómica y la nanotecnología”. Así lo ha expuesto la científica y catedrática María José Alonso Fernández.

Alonso, que trabaja en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Santiago de Compostela, ha hecho estas declaraciones en la jornada ‘Innovación y desarrollo de medicamentos y vacunas’, organizada por la Real Academia Nacional de Farmacia (RANF), con la colaboración de la Fundación Ramón Areces.

La biotecnología que permite la producción de proteínas, ARN y otras moléculas biológicas de una manera rápida y eficiente; la inteligencia artificial (IA) que impulsa el diseño de fármacos y vacunas; o el gran avance que ha habido en el ámbito de la virología, “han sido esenciales para conocer el virus y desarrollar la vacuna”, ha destacado.

14 vacunas de la COVID

En la actualidad, contamos con 14 vacunas aprobadas frente al coronavirus de diferentes países: cinco de China, tres de Rusia, tres de Estados Unidos, dos de India y una inglesa. Además, hay 109 candidatos a vacuna que están siendo investigados, se han puesto en marcha 315 ensayos clínicos para este fin, con 31 vacunas que se encuentran en fase 3 de desarrollo.

Son cifras que ponen de manifiesto el gran interés que ha suscitado la investigación en el ámbito de las vacunas que, a juicio de Alonso, estaba un poco abandonado. Este impulso que está teniendo es muy bueno “no solo porque tenemos que proteger a toda la población mundial, sino porque estas tecnologías han de desarrollarse para protegernos frente a otras posibles enfermedades virales”, subraya.

De todas las vacunas comercializadas se distinguen cuatro categorías: las basadas en ARN mensajero, en vectores virales, en virus inactivados y las vacunas proteicas.

Vacuna española de nanopartículas

La gran novedad en el campo de las vacunas ya comercializadas han sido las desarrolladas con nanopartículas lipídicas como pueden ser la de Pfizer y la de Moderna.

Por su parte, la científica de la Universidad de Santiago de Compostela participa en el consorcio COVARNA, al que también pertenece, entre otros, Mariano Esteban del Centro Nacional de Biotecnología (CBN).

Dicha asociación están investigando una vacuna frente a la COVID que se basa en ARN mensajero y que cuenta con el inmunógeno mediante el uso de la inteligencia artificial (IA). Desde su laboratorio trabajan en el desarrollo de la formulación con el desarrollo de nanopartículas transportadoras del ARN. En la actualidad, este candidato vacunal está en el proceso de validación in vivo en ratones.

También están trabajando en la optimización del modo de administración de la vacuna para evitar las agujas. En este sentido, el laboratorio de Alonso lleva trabajo adelantado, ya que llevan una década investigando una vacuna nasal para el sida.

El valor de la investigación

En la jornada de la Real Academia Nacional de Farmacia también participaron Emili Esteve, director del departamento técnico de Farmaindustria, quien expuso el esfuerzo investigador que se lleva a cabo para desarrollar medicamentos y vacunas. Según Esteve, es un proceso complejo e incierto que conlleva superar aspectos científicos, regulatorios y económicos. “En los de autorización, registro, financiación y acceso al mercado, aún hay un amplio margen de mejora”, dijo.

Por su parte, José Martínez Lanao,  catedrático de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Salamanca, destacó que: “la modelización y simulación en el desarrollo y fabricación de medicamentos constituye una poderosa herramienta que puede ayudar en el cumplimiento de objetivos”. “Asimismo, –añadió– puede complementar otras tecnologías en el desarrollo galénico y en la evaluación biofarmacéutica y farmacocinética de nuevas formas de dosificación”.