Un estudio liderado por investigadores del Hospital General de Massachusetts (Estados Unidos) ha utilizado un método desarrollado para el VIH con el fin de identificar objetivos estables para desarrollar una vacuna de células T contra el SARS-CoV-2, el virus que causa la COVID-19.

Estas 311 dianas estables, conocidas como epítopos altamente interconectados, tienen muchas probabilidades de ser estables en diferentes variantes del virus. Los resultados, publicados en la revista científica ‘Cell’, proporcionan una posible vía para una vacuna de células T contra la COVID-19 de amplia protección.

«Estos epítopos virales altamente interconectados están conectados a muchas otras partes virales, lo que probablemente proporciona una forma de estabilidad al virus. Por lo tanto, es poco probable que el virus tolere cualquier cambio estructural en estas zonas altamente interconectadas, lo que las hace resistentes a las mutaciones», explica Anusha Nathan, coprimera autora del estudio.

Las mutaciones en estos epítopos pueden poner en riesgo la capacidad del virus para infectar, replicarse y, en última instancia, sobrevivir. Por tanto, estos epítopos altamente interconectados suelen ser idénticos, o casi idénticos, en diferentes variantes virales e incluso en virus estrechamente relacionados de la misma familia, lo que los convierte en un objetivo ideal para las vacunas.

Epítopos altamente interconectados

El equipo estudió los 311 epítopos identificados para encontrar los que estaban presentes en grandes cantidades y que probablemente fueran reconocidos por la gran mayoría de los sistemas inmunitarios humanos. Al final, obtuvieron 53 epítopos, cada uno de los cuales representa un objetivo potencial para una vacuna de células T de amplia protección.

La mitad de los pacientes recuperados de COVID-19 estudiados presentaban respuestas de células T a los epítopos altamente interconectados identificados por el equipo de investigación. Esto confirmó que los epítopos identificados eran capaces de inducir una reacción inmunitaria, lo que los convierte en candidatos prometedores para su uso en vacunas.

«Una vacuna de células T que se dirija eficazmente a estos epítopos altamente interconectados sería potencialmente capaz de proporcionar una protección duradera contra múltiples variantes del SARS-CoV-2, incluyendo futuras variantes», afirma Elizabeth Rossin, que también es coprimer autora del estudio.

Este estudio muestra que puede ser posible desarrollar una vacuna de células T ampliamente protectora que pueda proteger contra las variantes de interés, como la Delta, y potencialmente incluso extender la protección a futuras variantes de SARS-CoV-2 y coronavirus similares que puedan surgir.