En España contamos con varios candidatos vacunales muy prometedores. Si los ensayos clínicos progresan adecuadamente, así como los acuerdos para su fabricación, es probable que la primera vacuna española frente a la COVID-19 esté lista a finales de este año. Será la vacuna de ADN sintético que está desarrollando el equipo de  Vicente Larraga, profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Así lo ha anunciado el propio Larraga en el debate virtual sobre “La vacuna española”, organizado por la Fundación Alternativas y en el que también han participado otros investigadores españoles como Luis Enjuanes y Mariano Esteban, el profesor Emilio Bouza y Mariano Barbacid.

“Creemos que estamos terminando la fase preclínica, para poder pedir las autorizaciones y empezar la fase clínica antes del verano. Por otro lado, tenemos muy avanzado el procedimiento industrial, y lo estamos mejorando. Si todo va bien, a finales de año o primeros del que viene podremos tener lista la vacuna”, ha explicado.

Larraga, quien también es director del Informe de Ciencia y Tecnología de la Fundación Alternativas, ha explicado que esta vacuna ha demostrado un grado alto de protección. Ahora están trabajando en mejorar la formulación y, por tanto, la respuesta. “Al tratarse de una molécula de ADN muy resistente vamos a tener una mayor facilidad de distribución porque solo requeriría una refrigeración modesta”.

Por otro lado, están valorando diferentes vías de administración, la muscular, la aérea y la intradérmica. De funcionar esta última se podría intentar la dispensación de la vacuna a través de un parche transdérmico. Éste aportaría sencillez de uso, menos necesidad de personal cualificado y mejor aceptación de la población.

Otras dos vacunas españolas

Otro de los candidatos vacunales españoles frente al SARS-CoV-2 es el proyecto que lidera Mariano Esteban, investigador del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC (CNB-CSIC) y jefe del Grupo de Poxvirus y Vacunas.

Está basada en una variante de la vacuna que se utilizó para erradicar la viruela. En la actualidad, esta vacuna ha demostrado su eficacia en dos modelos de animales: en ratones con una eficacia del 100%, y en hámsters con una protección completa. También se está probando en macacos. “Gracias a la alta eficacia demostrada hemos pasado a producir el lote clínico del candidato vacunal con una empresa española para iniciar la siguiente fase”, ha explicado Esteban.

Otra vacuna que también se está desarrollando en el CNB es en la que trabaja Luis Enjuanes.  Enjuanes es profesor de Investigación del CSIC y director del laboratorio de Coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología. Su vacuna está basada en un RNA autoreplicativo y autoamplificante que está derivado del propio genoma del virus.

Una de las grandes ventajas que aporta es que han conseguido que el virus se haga deficiente en cuanto a propagación. Por tanto es un candidato totalmente seguro, ya que “ofrece una inmunidad esterilizante e impide la reinfección”, asegura el investigador.

Otro beneficio que aporta es que ya tiene incorporados determinantes antigénicos frente a las nuevas variantes que han surgido como la del Reino Unido, Sudáfrica, Brasil y, pronto, también la proveniente de India. Además, esta vacuna tiene dos variantes: una químicamente definida y una segunda formulación. Enjuanes prevé que estará lista a mediados del año que viene.

La producción de la vacuna española

En cuanto a la producción de la vacuna española, los especialistas coinciden al afirmar que lo más factible será buscar la colaboración de empresas multinacionales que tengan la experiencia. En España, no hay empresas de fabricación de vacunas humanas. De hecho, los centros investigadores están trabajando con algunas con tradición en la fabricación de vacunas animales.

El profesor Bouza señala que “se tendrá que huir de los localismos y se tendrá que acudir a empresas con capacidad de probar los candidatos vacunales y producirlos en grandes cantidades. Siempre contando en lo que se pueda con las empresas españolas y sin que se les perjudique”.

Aquí también entra en juego el aspecto económico. Costes que empiezan a ascender desde el momento en el que se empieza la fase clínica estudiando la vacuna en 30.000-40.000 personas, con un coste de entre 2.000 y 5.000 por paciente. En este sentido, Mariano Esteban señala que “es necesario un esfuerzo global. En otros países, los gobiernos han colaborado activamente. Aquí nos ha faltado infraestructura, la estamos construyendo ahora, y estabilidad en los Recursos Humanos”.

“Si seguimos el éxito norteamericano y británico, -añade Bouza- se debería tener un acuerdo entre Gobierno, empresas y reguladores, garantizando una salvaguarda” que proteja nuestro entramado empresarial.

Qué pueden aportar las vacunas españolas

Las nuevas vacunas que vengan pueden aportar aún mucho, asegura el profesor emérito por el rectorado de la Universidad Complutense y emérito asistencial por el Gobierno de la Comunidad de Madrid, Emilio Bouza.

“Necesitamos vacunas con un grado de seguridad tan alto o mayor que las que tenemos ahora, y que tengan un mayor espectro e incluyan las variantes que puede que no se estén cubriendo ahora”, incide. Otro aspecto a tener en cuenta es la duración de la protección. Hoy se desconoce la que están ofreciendo las actuales, por lo que sería deseable contar con vacunas con una protección más prolongada.

Asimismo, los antígenos actuales han demostrado reducir la mortalidad y la enfermedad grave, “pero es necesario demostrar su eficacia frente a la infección y su posibilidad de transmisión, es decir vacunas esterilizantes”, asegura el profesor. Y finalmente, otro área de mejora de las actuales vacunas, sería la vía de administración, un aspecto en el que ya se está trabajando.

Cuáles son los inconvenientes

La otra cara con la que se encuentran las nuevas vacunas son los inconvenientes frente a los productos que ya han salido al mercado. En este sentido, los ensayos clínicos a los que tendrán que someterse serán estudios de no inferioridad frente a otras vacunas.

Asimismo, será difícil encontrar datos de personas no vacunadas para realizar las pruebas de eficacia y seguridad. Al respecto, Larraga ha subrayado que “usar a la población española en la fase 3 parece inviable y tendrán que acudir a países donde la epidemia siga activa como los africanos o los del sudeste asiático.