El mayor estudio sobre el índice de masa corporal (IMC) y la eficacia de la vacuna COVID-19 sugiere que dos dosis son muy eficaces contra la enfermedad grave en personas con bajo peso, sobrepeso u obesidad. Sin embargo, dentro del grupo vacunado, las personas con un IMC bajo o alto tenían un mayor riesgo de hospitalización y muerte en comparación con las personas vacunadas de peso saludable.

Los resultados, publicados en la revista ‘The Lancet Diabetes & Endocrinology’, también sugieren que las personas con bajo peso tenían menos probabilidades de vacunarse.

Redujeron el número de casos de enfermedad grave

Las vacunas contra la COVID-19 redujeron en gran medida el número de casos de enfermedad grave para todos, independientemente de su tamaño corporal, según el nuevo estudio. La eficacia de la vacuna fue similar en el caso de las personas con un IMC más elevado y con un peso saludable, pero fue ligeramente inferior en el grupo con bajo peso, que además era el que tenía menos probabilidades de haberse vacunado.

En un análisis adicional de las personas vacunadas únicamente, entre el menor número de casos de COVID-19 registrados, las personas con un IMC muy bajo y muy alto tenían más probabilidades de sufrir una enfermedad grave que las personas vacunadas de peso saludable. Esto replica los hallazgos observados en un análisis anterior antes de que se iniciara el programa de vacunación.

La obesidad fue señalada como un factor de riesgo de COVID-19 grave al principio de la pandemia, lo que se reflejó en el despliegue de la vacuna en el Reino Unido en 2021, que dio prioridad a las personas con un IMC superior a 40 como grupo de alto riesgo. Sin embargo, hasta ahora se sabía poco sobre la eficacia de las vacunas contra el COVID-19 para las personas con obesidad.

Resultados del estudio

"Nuestros hallazgos proporcionan una prueba más de que las vacunas COVID-19 salvan vidas para personas de todas las tallas. Nuestros resultados ofrecen a las personas con obesidad la seguridad de que las vacunas contra la COVID-19 son igual de eficaces para ellas que para las personas con un IMC más bajo, y que la vacunación reduce sustancialmente su riesgo de padecer una enfermedad grave si se infectan con la COVID-19", afirma la autora principal, la doctora Carmen Piernas, del Departamento Nuffield de Ciencias de la Salud de Atención Primaria de la Universidad de Oxford (Reino Unido).

Las personas se agruparon en función de su IMC según cuatro definiciones de la Organización Mundial de la Salud: 18,5-24,9 kg/m2 para el peso saludable; menos de 18,5 para el bajo peso; 25-29,9 para el sobrepeso; y 30 y más para la obesidad, con niveles ajustados para los asiáticos a fin de reflejar los mayores riesgos para la salud en los niveles más bajos de IMC en este grupo.

De los más de 9 millones de personas incluidas en el estudio, 566.461 dieron positivo en la prueba del SARS-CoV-2 durante el estudio desde el 8 de diciembre de 2020 (fecha de la primera vacuna administrada en el Reino Unido) hasta el 17 de noviembre de 2021. De ellos, 32.808 fueron hospitalizados y 14.389 murieron.

Al final del periodo de estudio, el 23,3% del grupo con peso saludable (817.741 de 3.509.231 personas), el 32,6% del grupo con bajo peso (104.488 de 320.737 personas), el 16,8% del grupo con sobrepeso (513.570 de 3.062.925 personas) y el 14,2% del grupo con obesidad (322.890 de 2.278.649 personas) no habían recibido ninguna dosis de la vacuna COVID-19.

Eficacia de la vacuna

Para conocer la eficacia de la vacuna, los investigadores compararon el riesgo de enfermedad grave en las personas vacunadas frente a las no vacunadas al menos 14 días después de una segunda dosis. Descubrieron que estar vacunado ofrecía una alta protección en todos los grupos de IMC, pero que el efecto era ligeramente inferior en las personas con bajo peso. Las personas vacunadas con bajo peso tenían aproximadamente la mitad de probabilidades de ser hospitalizadas o morir en comparación con las personas no vacunadas con el mismo IMC.

En comparación, las personas de los grupos sanos y con un IMC elevado que fueron vacunadas tenían alrededor de un 70% menos de probabilidades de ser hospitalizadas que las personas no vacunadas. Las personas sanas o con un IMC elevado también tenían alrededor de dos tercios menos de probabilidades de morir que sus homólogos no vacunados dos semanas después de una segunda dosis.

Al examinar únicamente los datos de las personas vacunadas (entre las que se redujo considerablemente el número de casos de COVID-19), los investigadores descubrieron que, tras dos dosis de la vacuna, había un riesgo significativamente mayor de padecer una enfermedad grave con un IMC bajo y alto en comparación con un IMC sano.

La menor eficacia de las vacunas COVID-19 entre las personas con un IMC bajo también podría reflejar una menor respuesta inmunitaria como consecuencia de la fragilidad u otras condiciones asociadas al bajo peso corporal. Se necesitan más investigaciones para explorar la relación entre el IMC y las respuestas inmunitarias, apuntan.

En un comentario vinculado, la profesora Annelies Wilder-Smith y la profesora Annika Frahsa, del Instituto de Medicina Social y Preventiva de la Universidad de Berna (Suiza), que no participaron en el estudio, señalan que "las personas con obesidad adoptaron más la vacuna. Por el contrario, las personas con bajo peso tenían menos probabilidades de vacunarse, lo que puede ser un resultado no intencionado de los mensajes públicos de que las personas con sobrepeso tienen un mayor riesgo de COVID-19 grave, corroborado además por la estrategia británica basada en el riesgo para la distribución de vacunas".