Es función de los Colegios de Médicos la promoción, por todos los medios a su alcance, de la constante mejora de los niveles científicos de sus colegiados. Igualmente, como recogen nuestros estatutos, es responsabilidad de nuestras corporaciones actualizar la competencia profesional de los profesionales, procurando el perfeccionamiento de la actividad profesional y la formación permanente, promoviendo -por sí mismas o en colaboración con instituciones públicas y privadas- actividades de Formación Médica Continuada (FMC) y ejerciendo las funciones de acreditación y registro oficial, que le sean delegadas por las Administraciones públicas.

La Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS) recoge en su artículo 6 que los profesionales sanitarios realizarán a lo largo de su vida una formación continuada y acreditarán regularmente sus competencias profesionales.

Recientemente, la directiva 2013/55/UE en relación al Desarrollo Profesional Continuo (DPC) insta a los Estados miembros de la Unión Europea a impulsar el DPC de los médicos y comunicar a la Comisión las medidas que adopten en este ámbito. El DPC debe abarcar la evolución técnica, científica, normativa y ética, así como motivar a los profesionales para que participen en formaciones de aprendizaje permanente relacionadas con su profesión.

Nuestro actual Código de Deontología, en su artículo 7.3, dice que “la formación médica continuada es un deber ético, un derecho y una responsabilidad de todos los médicos a lo largo de su vida profesional”. También en su artículo 21 refiere que “el médico tiene el deber de prestar a todos los pacientes una atención médica de calidad humana y científica”.

Como se puede constatar, tanto estatutos como leyes y directivas europeas, así como el Código de Deontología, justifican la necesidad de que el médico a lo largo de su vida profesional precise estar en constante actualización de competencias. y cómo desde la profesión se deben desarrollar los mecanismos que acrediten la misma.

Este compromiso de la profesión médica y de los médicos refuerza la trascendencia social de la Medicina y revaloriza el papel de la OMC como garante de la misma.

Y estos argumentos son los que justifican procesos de actualización de la credencial de ejercicio, como la Validación Periódica de la Colegiación (VPC) puesta en marcha por los Colegios de Médicos de España. Esta VPC recoge aspectos tan esenciales del ejercicio, como la salud, la continuidad en el ejercicio profesional y la buena praxis médica, como garantes ante el ciudadano de que quién atiende sus problemas de salud reúne las condiciones necesarias.

En España, aún estamos llegando más lejos. La necesaria complicidad con las Sociedades Científicas y la puesta en marcha de procesos de DPC harán que, en un futuro inmediato, los médicos de nuestro país puedan presentar ante el ciudadano y ante la sociedad una credencial que aúne las competencias actualizadas con las credenciales obligadas para el ejercicio profesional.

Tanto la VPC como la DPC no deberían ser vistas como una imposición, ni como una evaluación punitiva, sino como una manera de garantizar el reconocimiento desde la profesión al esfuerzo y a la actualización de los conocimientos, una garantía para el ciudadano y una oportunidad para la profesión de renovar la confianza que la sociedad pone en nuestras manos.

La OMC ha iniciado un camino hacia la superación de la cultura de la no evaluación y, especialmente, una ruptura decidida con la cultura de la queja permanente. Se trata de la puesta en escena de un profesionalismo renovado, sustentado en anteponer el interés del paciente por encima de cualquier otro interés y en comprometerse a poner a disposición de la población los conocimientos, las habilidades y el buen juicio para promover y restablecer la salud, prevenir y proteger de la enfermedad,”y mantener y mejorar el bienestar de los ciudadanos.

Para ello proponemos una co-regulación compartida entre todos los agentes implicados, modulando los deseos, necesidades, esfuerzos, oportunidades y las tentaciones de protagonismo en un esfuerzo común compartido.

Estamos convencidos de que estamos ante una oportunidad histórica y un reto para la profesión médica. De este necesario paso adelante se derivará el reconocimiento social de los Colegios de Médicos y de las Sociedades Científicas, el liderazgo del médico en el reconocimiento social y se sentarán las bases del reconocimiento efectivo del esfuerzo del médico individual.