Prevenir es básico, sobre todo si se puede reducir el riesgo de que sufran cáncer en la edad adulta los niños que deban someterse a diagnósticos mediante TAC (tomografía axial computerizada), un escáner que sirve para detectar posibles enfermedades infecciosas, traumáticas, tumores o malformaciones. El Instituto de Diagnóstico por la Imagen del hospital barcelonés de Vall d"Hebron, que dirige Xavier Lucaya, es pionero en el empleo de bajas dosis de radiación en estas pruebas. Las ha rebajado hasta a un 25 por ciento de las que se utilizaban, informa el diario LA VANGUARDIA en su edición del lunes, 3 de marzo.

Los estudios de los efectos de las radiaciones posteriores a las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki revelaron que radiaciones de intensidad parecida a las que se usaban en un TAC "pese a ser muy inferiores a las de una explosión atómica" aumentaban el riesgo de que los niños a quienes se realizaban estas pruebas diagnósticas sufrieran cáncer de adultos. Hay que pensar que la sensibilidad de los niños, y sobre todo de las niñas, a la radiación es diez veces superior a un adulto.

Xavier Lucaya, en cuya unidad se realizan 2.000 TAC al año en pacientes pediátricos, estudia desde hace casi diez años cómo minimizar ese riesgo. "No hay que dejar de hacer las pruebas médicas necesarias por miedo a la radiación porque ayudan a detectar graves patologías. El TAC es una técnica útil, rápida y fiable, sólo que es indispensable emplear la dosis mínima de radiación necesaria para la información diagnóstica", explica Lucaya.

Hasta hace un año, muchos de los escáneres pediátricos se llevaban a cabo usando elevadas dosis de radiación, de 200 a 240 miliamperios. Éstas eran las dosis que se aplicaban a adultos y que se adoptaron para diagnosticar a niños. Y ahí precisamente radica el error, según Lucaya, quien se lamenta de la poca especialización que existe en radiología pediátrica. Explica que en niños menores de 15 años, los escáneres exigen mucha supervisión. Los miliamperajes necesarios se han reducido hasta un 70% o más: de los 200-240 iniciales a los 25-100 actuales.

Lucaya ensaya esta reducción de dosis desde 1998 y asegura que se obtienen escáneres de calidad diagnóstica. El ejemplo se está empezando a seguir en otros centros. El radiólogo trabaja ahora con diversas universidades norteamericanas para intentar establecer qué dosis son las más adecuadas para el diagnóstico de estudios pediátricos, de manera que estas pautas puedan ser utilizadas en todo el mundo.

Además de reducir la dosis de radiación, el equipo de Vall d"Hebron estudió cómo aumentar la protección del tejido mamario en niñas, muy sensible al efecto nocivo. Así, utiliza unas bandas de uno o dos milímetros de grosor de látex impregnado de bismuto "fabricadas expresamente en Estados Unidos", que atenuan la radiación en el pecho. El uso de las bandas se ha extendido para proteger las tiroides y los ojos en los TAC de cuello y cráneo.

Para minimizar la agresividad de las pruebas, Lucaya indica que también es importante evitar en lo posible la anestesia o sedación profunda de los pequeños pacientes. El radiólogo ha constatado que sólo requieren sedación el 4% de los pacientes explorados, el 18% si son niños de uno a seis años. La solución para tranquilizar al resto de los pacientes y hacer que la prueba no sea un trauma para ellos se ha encontrado en un método de cine casero: el equipo médico proyecta imágenes de dibujos animados en la pared del aparato del TAC, lo que entretiene a los niños, reduce su angustia y se consigue una mayor colaboración.