La práctica habitual de ejercicio físico está demostrado que supone un beneficio para la salud. En el campo cardiovascular, ayuda a regular las cifras de presión arterial, aumenta el estado de alerta, mejora la resistencia a la insulina y mantiene el peso corporal, entre otros aspectos positivos.

El requerimiento del oxígeno cardiaco durante la práctica de ejercicio físico está determinado por varios factores y el más importante está relacionado entre la frecuencia cardiaca y la PAS. Esto permite que una actividad física concreta se pueda realizar con una menor demanda de oxígeno y, por lo tanto, con un riesgo menor de isquemia.

Es importante, antes de empezar la práctica deportiva como rutina habitual, hacer una revisión cardiológica inicial para la prevención de la muerte súbita durante el ejercicio, tal y como recomienda la Sociedad Española de Cardiología.

Se recomienda entre 20-60 minutos de actividad aeróbica continua, existiendo una correlación entre la intensidad y la duración. Es decir, la actividad de baja intensidad debe ser realizada durante un periodo más largo que la actividad de alta intensidad, para tener el mismo efecto sobre el aumento de potencia aeróbica.

La hipertrofia del miocardio es un mecanismo de adaptación a la práctica de ejercicio físico que se desarrolla en respuesta al aumento de llenado hemodinámico del corazón. La práctica de ejercicio físico también reporta beneficios en la mejoría del perfil lipídico, y uno de los más relevante es el aumento de cHDL.

Exceso de ejercicio

No obstante, el ejercicio físico en exceso puede acarrear consecuencias negativas para la salud, como pueden ser diversas lesiones, envejecimiento prematuro y problemas cardiacos y circulatorios. Practicar deporte en exceso puede llevar a desarrollar alguna cardiopatía al igual que el sistema inmune puede verse afectado por el descanso insuficiente del organismo, llegando a manifestarse más resfriados, fiebre o dolores de cabeza.

En líneas generales, a las consultas acuden pacientes que solicitan un consejo para realizar algún tipo de entrenamiento o empezar en la práctica de algún deporte. Se le recomienda hacer un ECG y una exploración previa para poder identificar posibles cardiopatías arritmogénicas. También es bueno que hagan un mantenimiento adecuado de descanso, con unos hábitos de sueño correctos y ejercicios básicos para prevenir la incidencia de patologías osteomusculares, lumbalgias o artrosis.

Reconocimientos previos

Por eso, un reconocimiento previo a la práctica de deporte puede servir valorar la correcta adecuación del paciente al deporte que va a practicar e informarle sobre la manera de evitar riesgos, para prevenir posibles problemas futuros y lesiones. Porque, cuando se trata de hacer deporte y alcanzar un objetivo, no todo vale.

Es importante realizar una revisión y valoración biomecánica del paciente teniendo en cuenta el deporte que quiere desarrollar, esto es, dependiendo del tipo de deporte, ya sea de alta intensidad, impacto o riesgo específico valorar si es el óptimo en cada caso en particular para que el paciente tenga la menor cantidad de riesgo y lesiones durante su práctica.

En el aspecto preventivo hay que establecer las pautas adecuadas si se observa alguna lesión y en los pacientes que han tenido un ACV.  Es esencial realizar un ECG para excluir cardiopatía y ante la mínima duda hacer una ecocardiografía. Pero lo que sin duda es más importante es obtener un perfil lipídico y realizar la estratificación de riesgo SCORE. En caso de valores elevados de colesterol se debe actuar con tratamiento desde el primer momento como indican las últimas guías de dislipemias, que son muy agresivas en lo que se refiere al inicio de tratamiento hipolipemiante.

Conocer el riesgo

Antes de implantar el tratamiento, hay que valorar su riesgo y el contexto clínico global. Si se observa alguna lesión, la primera línea de tratamiento es actuar sobre los factores de riesgo cardiovascular intensamente y en algunos casos desaconsejar la práctica del deporte si fuese necesario. En pacientes con un ACV, el ejercicio se debe personalizar, y las pautas de tratamiento lipídico pueden ser muy ambiciosas con valores <55 mg/dl o <70 mg/dl, según el riesgo cardiovascular.

En muchas ocasiones, los pacientes no son muy conscientes de su riesgo cardiovascular, ya que este solo se puede conocer, en muchos casos, al realizar una consulta médica. Por eso, la práctica del ejercicio debe ser progresiva y no se debe iniciar bruscamente si hay falta de entrenamiento, ya que el riesgo de lesiones osteomusculares aumenta exponencialmente.

En líneas generales, el paciente joven suele acudir a consulta por otros motivos, bien sea por controles rutinarios laborales, o para hacerse revisiones deportivas. La mayoría de este tipo de pacientes no son conscientes de su patología, la infravaloran y consideran muchas veces que empezar o continuar la práctica de ejercicio físico no conlleva ningún tipo de control y que ya de por sí le va a aportar un beneficio, aunque en ocasiones puede tener un riesgo añadido a la patología que pudieran presentar.

Muerte súbita

En España, mueren todos los años de muerte súbita durante el deporte más de 160 pacientes. Se considera muerte súbita aquella que sucede durante la práctica deportiva o en la hora posterior a haberla realizado. A nivel europeo los países han desarrollado un mayor control de los deportistas con el fin de evitar esta trágica consecuencia. De hecho, en Italia se exige a todos los que practican deporte pasar un reconocimiento básico y las realización de un electrocardiograma.

La situación está cambiando y algunas federaciones deportivas están exigiendo el reconocimiento básico para la detección de riesgo cardiovascular en sus deportistas, medida que traerá una disminución en los eventos cardiovasculares del deporte. Sin embargo, en términos generales y al tratarse de personas asintomáticas y muchas veces menores de 40 años, no se percibe un riesgo cardiovascular real para la práctica deportiva.

Por eso, es importante concienciar sobre un estilo de vida saludable. El ejercicio físico es necesario para un buen estado de salud, pero siempre practicado desde la seguridad, de forma progresiva y continua. Además, debe acompañarse de una dieta mediterránea rica y variada, rica en fruta y verdura, sin olvidar mantener una buena hidratación antes, durante y después del ejercicio.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Atención Primaria Jesús Tarraso Pellicer, Ignacio Roca Adelantado y Juan Daniel Jorques Navarro, del Centro de Salud Carcaixent; José Antonio Minaya Collado, Juan Vicente Climent Gómez, Rosa María Gómez Gómez y Juan Antonio Ribera Osca, del Centro de Salud Campanar; José María Cardona Vidal, María Mar Serrano Blanco, Ramona Esteban Álvarez, Jesús Iglesias Vidal, del Centro de Salud Ventorrillo, A Coruña; los médicos generales Guillermo Pérez González, Alfonso Patricio Novoa, Juan Jesús Gago Prada, José Ovidio Yáñez Fernández, José María Pardo Hortal y José Manuel Garrido Sampedro, del Centro de Salud Ribadavia, en Ourense, el cardiólogo Rafael Carlos Vidal Pérez, los médicos de Atención Primaria Manuel Abuín Rodríguez, Rogelio Seoane Blanco, José Antonio Perosanz Bartolomé, y la internista Inés Prieto López, Centro de Salud Federico Tapia, A Coruña, e Irene Ramiro Bejarano, Mercedes Prieto Matellán, Cecilio Garrido Marcos y Francisco Javier Ortega Ríos, del Centro de Salud Benavente Sur.