MADRID (EUROPA PRESS)

Con la llegada del verano, el riesgo de deshidratación aumenta durante la lactancia, tanto para la madre que da el pecho como para su bebé, ya que las altas temperaturas provocan efectos físicos directos en ambos. Por ello, hay que tener en cuenta una serie de medidas para llevar una lactancia óptima en verano y se proporcione una correcta hidratación al pequeño.

Los bebés se deshidratan más rápido que los adultos porque su metabolismo es más acelerado, por lo que hay que darle el pecho “a demanda, sin excepciones”, y para saber si el niño tiene sed, hay que prestar atención a su llanto, pero también a la somnolencia, la irritabilidad, el sudor frío, la pérdida de vitalidad habitual o el aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria.

Asimismo, “hay muchos otros síntomas que indican que el bebé está sediento, como son los cabeceos, sacar a menudo la lengua y llevarse la mano a la boca, la reducción de la orina o bien orina concentrada, de aspecto oscuro y olor más fuerte”, ha indicado la especialista de la unidad de Pediatría PAIDO-DEX del Hospital Universitario Dexeus de Barcelona y miembro de Top Doctors, Cristina Bonjoch.

Por su parte, también el verano puede provocar en la madre lactante un aumento de la irritabilidad, la apatía y el cansancio derivado de las altas temperaturas. Además, sus niveles de ‘oxitocina’ aumentan cuando el bebé succiona y esto le produce sed. Los expertos inciden en controlar la hidratación del bebé vigilando que moje entre seis y siete pañales al día.