Hoy hemos cumplido 25 años, y en esta madurez de la institución es tiempo de mirar al futuro, plantear el rumbo para los próximos años y sobre todo, algo que todas las instituciones deberían hacer de vez en cuando; hacer un repaso de sus fortalezas y debilidades, con el fin de potenciar y sacar el máximo provecho de las primeras y al tiempo ser consciente e intentar solventar las segundas.

Vaya por delante que el análisis global tiene que ser positivo. Pocas instituciones españolas gozan de tanto prestigio nacional e internacional. La ONT ha recibido muy diversos galardones, desde el Príncipe de Asturias, a multitud de distinciones profesionales, de pacientes e instituciones, la última del Excmo. Ayuntamiento de Madrid, que yo agradezco especialmente como madrileño, hijo y nieto de madrileños y muy orgulloso de serlo. En todos estos casos hay un factor común que les hace especialmente valiosas: el cariño y la conexión con la gente, con el ciudadano de a pie que considera su sistema de trasplantes como algo muy querido, muy apreciado y que hay que defender con uñas y dientes.

Los resultados son de sobra conocidos: más de 90.000 trasplantes de órganos efectuados en España, más de 300.000 de tejidos y cerca de 50.000 de progenitores hemopoyéticos. Cerca de medio millón de enfermos se han visto beneficiados por esta gigantesca empresa colectiva que hoy es un referente sanitario en los cinco continentes. Veintidós años liderando el ranking mundial de donación y trasplante de órganos (¿en qué otro campo podemos decir lo mismo?) resumen perfectamente lo conseguido y nos animan a mirar el futuro con fuerza para seguir en la misma línea

Hemos presidido los más importantes foros mundiales de trasplantes, desde el Consejo de Europa durante 7 años, el Consejo Iberoamericano durante 9, somos organismo colaborador de la OMS y asesores de esta organización, y de multitud de países de todo el mundo que acuden a nosotros en busca de consejo o colaboración con un solo objetivo: mejorar la organización de la donación y el trasplante de órganos. España ha ido dejando en este campo toda una imagen de buen hacer, que sin duda ha contribuido de forma muy positiva a la proyección exterior de nuestro sistema sanitario, de la llamada “Marca España” de la que también formamos parte. Es más que probable que el “Modelo Español” de donación y trasplante haya salvado más vidas fuera que dentro de nuestro país, precisamente por esta proyección exterior. Latinoamérica por ejemplo, ha incrementado en más de un 60 por ciento su actividad desde el comienzo de la colaboración española y de hecho es la única parte del mundo con un crecimiento sostenido de la donación y el trasplante.

Naturalmente todo esto tiene unas bases muy sólidas: La primera y principal nuestro Sistema Nacional de Salud, del que emana todo el sistema de donación y trasplantes y en el que nuestra misión es extraer lo mejor. Aquí hay que decir que como casi todo en España, el SNS nunca ha podido verse excluido de una eterna polémica bipolar en la que pasa de ser considerado el mejor del mundo, a la denostación pública “por sus múltiples carencias”, y a veces con pocas horas de diferencia. Curiosamente, la crisis económica ha tenido entre sus múltiples consecuencias negativas, algunas bastante positivas y sin duda una de ellas ha sido un sensible aumento del aprecio y reconocimiento popular ante el temor de que lo conseguido pueda perderse, y eso sin duda tiene un componente positivo de cara al futuro.

De igual manera, las asociaciones serias de pacientes, testigos de la equidad del sistema y de la igualdad en el acceso, juegan un papel fundamental como transmisores de los valores y principios éticos sobre los que se fundamental el sistema español de trasplantes, precisamente en un momento en el que el individualismo acérrimo o  el sálvese quien pueda, pugna por instalarse en nuestra sociedad, al calor del descrédito general de las instituciones.

Pero como decía, nuestra misión es sacar lo mejor de la Sanidad española en este campo. Para ello contamos en primer lugar con una gran plantilla, que no una plantilla grande, de la oficina central de la ONT: 8 médicos, 13 enfermeras y toda la estructura de gestión, informática etc., en total unas 40 personas formadas a lo largo de los años y que en el momento actual se encuentran en lo mejor de su carrera profesional, en un trabajo que no se improvisa ni se aprende fuera: lo hemos ido creando y reinventando cada día y es uno de nuestros principales activos. Además, me atrevo a decir que una de las claves del éxito de este organismo es su pequeñez en lo que equivale a agilidad. Cualquier crecimiento descontrolado muy probablemente habría dado al traste con gran parte de las virtudes de las que ha hecho gala la ONT a lo largo de los años.

Esta plantilla se complementa perfectamente por una estructura periférica  formada no solo por los coordinadores, alrededor de 400 en toda España, sino por los más de 15.000 profesionales de todas las categorías que hemos ido formando a lo largo de este cuarto de siglo, y los centenares de equipos de trasplante de órganos tejidos y células, que constituyen en su conjunto la mejor garantía de futuro.

De la espléndida salud del sistema da buena cuenta tanto su magnífica resistencia a la crisis como el record de actividad trasplantadora logrado el pasado 20 de Febrero: 45 trasplantes en 24 horas, cuando la media del pasado año que también marcó un máximo era de 10-12 al día. Como referencia, hace 25 años se hacían en España entre 3 y 5 trasplantes diarios.

Por parte de la ONT tan solo cabe agradecer por un lado a todos los profesionales sanitarios y no sanitarios que nos ayudan todos los días a esta labor de salvar vidas, y por otro y muy especialmente a la población española que día a día da muestras de su solidaridad y hace cierto nuestro mensaje: “Todo el mundo debe ser donante porque todos nosotros lo podemos necesitar algún día”. Al mismo tiempo recalcar lo obvio: el decidido empeño de la ONT por continuar en la misma línea.