España fue el primer país de la Unión Europea en contar con un Plan Nacional sobre Drogas y, gracias a él, las políticas de adicciones en nuestro país han contado y siguen contando con el mayor nivel de consenso político que se puede encontrar en políticas sectoriales, un consenso basado, además, en las evidencias científicas, como base de las estrategias, planes y programas.

Desde ese momento, todos los actores implicados hemos ido avanzando juntos, haciendo frente a los retos que se han ido presentando, y dando ejemplo vivo de cómo en España la coordinación y la cooperación entre las Administraciones y entre éstas y la sociedad civil,  no sólo son posibles, sino que son el cauce imprescindible para ofrecer respuestas válidas a los problemas que preocupan a los ciudadanos,  a través de políticas de drogas que han conseguido el máximo reconocimiento y prestigio a nivel mundial.

Es por ello que hoy, después de 30 años, podemos afirmar que no sólo tenemos un Plan Nacional sobre Drogas, sino que éste ha conseguido grandes logros.

Es importante recordar y revindicar que fuimos de los primeros países en entender que no se podía castigar, penalizándolo, al adicto por el hecho de serlo, que el consenso en este sentido en nuestro país fue claro en cuanto a la necesidad de afrontar el problema desde la perspectiva de un enfoque equilibrado que contemple la persecución, sin tregua, del narcotráfico y la consideración del adicto como enfermo que tiene derecho a ser tratado a través de un modelo integral que aborde el  problema desde las perspectivas sanitaria y social y no solo en el plano individual, sino también familiar.

A lo largo de estos 30 años, hemos asegurado, asimismo, la disponibilidad de medios e instrumentos policiales para prevenir el narcotráfico y luchar contra el crimen organizado.

En el año 1995, la Ley del Fondo de Bienes Decomisados por tráfico ilícito de drogas y otros delitos relacionados dio respuesta, y la continúa dando a una importante demanda social, haciendo posible que los beneficios obtenidos en el tráfico ilícito se destinaran a la lucha contra el narcotráfico y, sobre todo, a la puesta en marcha de programas de prevención, de atención a los drogodependientes y a su incorporación social.

La lucha contra el narcotráfico recibió también un impulso extraordinario, gracias a la labor de la Fiscalía Especial Antidroga, creada en 1988, y a la excelente labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que han alcanzado, con la creación en el año 2006  del Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado (actual Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen organizado), dependiente del Ministerio del Interior,  de amplio reconocimiento internacional.

Desde la perspectiva de la reducción de la demanda, pese a  que nos preocupen, y mucho, los consumos que se dan en algunos colectivos y circunstancias, el balance global ha sido eminentemente positivo: hemos mantenido una importante reducción general de los consumos  que constituyeron verdaderas epidemias, como la heroína o la cocaína, y con ello, hemos alcanzado para la sociedad en general una importantísima reducción de los riesgos asociados a dicho consumo, tanto para la salud, como para la seguridad y, por tanto, hemos generado mayor calidad de vida.

Disponemos de potentes sistemas de información, reconocidos a nivel mundial; se ha incrementado la percepción de riesgo de determinados consumos como la cocaína o los estimulantes; hemos incorporado las adicciones sin sustancia a las políticas de programas de prevención y atención integral; somos líderes en los programas de reducción del daño, de demostrada eficacia en términos sociales, y tenemos una red asistencial con excelentes profesionales.

Se ha mantenido una intensa y fructífera actividad de representación institucional en todos los foros internacionales relevantes. Los intereses y la experiencia de España tienen peso en los ámbitos de toma de decisiones relacionados con la respuesta al problema de las adicciones. En América Latina hemos liderado un gran proyecto de cooperación, el proyecto COPOLAD que, fruto de la excelente evaluación obtenida, verá posible su continuación en los próximos 4 años, con el proyecto COPOLAD II.

Y en el ámbito de la mejora del conocimiento hemos asistido a avances científicos fundamentales. La investigación clínica, la epidemiológica, la social, han  recibido un fuerte impulso, han mejorado nuestros conocimientos y nos han proporcionado instrumentos más eficaces de prevención,  herramientas para los tratamientos terapéuticos y medios para el desarrollo de programas de reinserción.

En estos años se ha incrementado de manera importante el presupuesto destinado a formación, además de introducir nuevos canales, que han dado entrada a las nuevas tecnologías.

Todos estos logros nos dan idea del éxito alcanzado en estos treinta años por el Plan Nacional sobre Drogas, concebido como un espacio común de todo el trabajo en adicciones.

Y dentro de ese espacio de trabajo común, enfrentamos los nuevos retos 30 años después, desde premisas fundamentales como la participación estable de todos los agentes implicados, tanto en el ámbito de la reducción de la demanda como en el del control de la oferta, a través del Consejo Español de Drogodependencias, creado por la Ley 15/2014, de 16 de septiembre, de racionalización del sector público y otras medidas de reforma administrativas.

– Desde el mantenimiento del consenso a todos los niveles, para poder ofrecer a la sociedad un trabajo bien hecho y unas posibilidades amplias de mejorar lo mucho y bueno que ya se ha venido haciendo a lo largo de toda la existencia del Plan Nacional sobre Drogas.

– Desde el conocimiento de la realidad que garantizan nuestras encuestas de consumos y los indicadores establecidos que venimos vigilando, ampliamente reconocidas a nivel internacional por su metodología y calidad, y que proporcionan información que orienta el desarrollo y evaluación de nuestras intervenciones y la calidad, medición y evaluación como motor de los cambios.

Y con el objetivo siempre del retraso en la edad de inicio como paradigma de la prevención; del mantenimiento del modelo de abordaje bio-psicosocial de las adicciones; del trabajo con la persona y su familia como centro de la acción terapéutica y la reinserción como objetivo último imprescindible de la actuación. Todo ello teniendo en cuenta la importancia de la cooperación y el respeto a los tratados internacionales.

Durante tres décadas hemos realizado entre todos un esfuerzo ímprobo que nos ha llevado a un punto esperanzador pero todavía con grandes retos por delante.

– Retos en el ámbito de la política global de adicciones, manteniendo el enfoque equilibrado en el abordaje integral del problema de las drogas.

– El reto de la mejora de la eficacia de la prevención y, especialmente, de la prevención de los consumos en menores de edad.

– El de consolidar el modelo de atención atendiendo a la calidad de la prestación y a la personalización del itinerario terapéutico, teniendo en cuenta que si somos eficaces disminuirá además el coste social del problema.

– El reto de la atención a  patología dual, a las adicciones sin sustancia, y la intervención precoz en situaciones de alto riesgo.

– El de las nuevas drogas, para el que ya se ha puesto en marcha el sistema de alerta temprana con objeto de vigilar periódicamente su consumo e intervenir cuando sea necesario.

– O el reto de luchar contra la banalización de los consumos y la percepción social del riesgo, ya que el éxito obtenido hasta ahora puede también convertirse en un arma de doble filo, al desaparecer la percepción de riesgo que comportan los consumos de determinadas sustancias.

Llevamos un largo camino recorrido juntos y, sin embargo, tenemos un gran trabajo todavía por delante.

Celebramos hoy todos el 30 aniversario del Plan Nacional sobre Drogas porque hemos demostrado que, con el esfuerzo de todos, sí se pueden conseguir resultados exitosos y porque estamos seguros de que también con el esfuerzo de todos seguiremos alcanzando metas ante los nuevos retos presentes y por venir.